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viernes, 22 de octubre de 2010

Crónica de una prohibición anunciada

Esta semana se ha aprobado en el Congreso un endurecimiento en las ley antitabaco de nuestro país, que fue aprobada en 2005 y puesta en vigor el 1 de enero del 2006. Entre otros aspectos, la ley prohibirá consumir tabaco en todos los bares, cafeterías y demás independientemente del tamaño de éstos, así como en lugares abiertos de utilización pública como los parques o incluso los exteriores de los hospitales.

Es una reforma que se veía venir desde hace ya mucho tiempo. A finales de 2005 mientras tomábamos unas tapas mi pareja y yo le comentaba que esta ley, al menos en lo concerniente a los establecimientos hosteleros (bares, cafeterías, pubs, etc.) iba a tener muy poco cumplimiento si las autoridades no se ponían las pilas desde un principio y se ponían a controlar en serio estos establecimientos.

domingo, 17 de octubre de 2010

Reflexiones con un móvil

Tengo un móvil, Nokia 3100, comprado en el año 2005. Era mi primer móvil y me lo compré con tarjeta prepago por 70 euros aproximadamente. Un poco tarde teniendo en cuenta que ya mucha gente (aunque quizás no tanta como ahora) tenía móvil.

Los motivos de mi compra no eran particularmente consumistas. Siempre fui reacio a los moviles y este lo compre casi por imperativo. Me iba a Alemania y allí no sabía si iba a disponer de teléfono. De esta manera podía estar en contacto tanto con mi familia en España como con la gente allí en Alemania.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Huelga de consumo


El 29 de septiembre España entera irá a la huelga. Por lo menos es lo que afirman los sindicatos mayoritarios (Comisiones Obreras y UGT), que han declarado día de Huelga General. El motivo radica en la aprobación del decreto-ley de la reforma laboral, que entre sus aspectos más polémicos, incluye la reducción de la indemnización por despido improcedente de 45 a 33 días por año trabajado y la capacidad de despido de trabajadores "cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa".

Desde un punto de vista social, está claro de que esta nueva reforma es un claro recorte de derechos de los trabajadores frente a los empresarios (y, sobre todo, los grandes empresarios, que son los que pueden "prescindir" de muchos trabajadores y que ahora les va a salir mucho más barata la maniobra), y que se debe de combatir a toda costa para que la clase media española no acabe perdiendo más poder adquisitivo que el que ya ha perdido.

Pero ¿será de verdad efectiva la huelga general? Personalmente lo dudo. No dudo que los funcionarios vayan a seguirla (a veces creo que el derecho a huelga pertenece sólo a esta clase de trabajadores), pero posiblemente el seguimiento en el sector privado será, en el mejor de los casos, irregular. Y la verdad es que no me extraña: Con la precariedad laboral que ahora mismo hay en este país (además favorecida por la aplicación de esta ley) no creo que haya muchos trabajadores privados que quieran poner en riesgo su puesto de trabajo por apoyar a los sindicatos, enemigos naturales de aquéllos que les pagan.

Coincido completamente con los sindicatos en que esta reforma laboral es completamente injusta y además se ha colocado casi por obligación utilizando la excusa de la crisis para recortar derechos a los trabajadores, pero ¿qué hacer al respecto si la huelga no funciona? 


Las empresas para ganar dinero necesitan vender sus productos y/o servicios. Si no venden, no sacan beneficio, generan pérdidas y finalmente se arruinan. Por otro lado tenemos al consumidor, que tiene en sus manos dos alternativas, comprar o ahorrar. Bien, teniendo en cuenta esto, que las empresas viven precisamente de vender sus productos, ¿qué pasaría si se fomentara un movimiento activo de reducción del consumo en favor del ahorro por parte de los sindicatos? Algo así como "no consumáis, que la cosa está muy mala y con esta nueva ley se va a poner peor". ¿No estaríamos haciendo ver a los empresarios que la política que están siguiendo enfada a sus clientes y que deberían cambiar de parecer si quieren también salir adelante?

Si el dinero no circula las empresas pierden y no generan beneficios. Bien ¿por qué no nos aprovechamos de eso y amenazamos directamente con no consumir? Así, en serio, como lo digo. Si de verdad lo que les importa a los empresarios (sobre todo a los más favorecidos con la reforma) son los márgenes de beneficios como parece que es, la mejor manera de presionar a esta gente es precisamente no mover el dinero para reducir dicho margen. 

Si por lo que se ve desde el gobierno han intentado estimular este puntito egoísta que debe de tener todo empresario, lo que se deberían hacer los sindicatos es precisamente fomentar un ahorro responsable por parte de los trabajadores. Esto estimulará a los empresarios en la dirección opuesta cuando vean en peligro sus beneficios por esta política y presionen al gobierno para que la cambien. También es cierto que desde un punto de vista económico este tipo de políticas si se llevara a término de forma irresponsable sería catastrófica para la economía de un país, pero la pregunta es ¿serían capaces los empresarios de aceptar un farol como este? Después de todo, tarde o temprano cualquier trabajador acaba siendo cliente de la empresa para la que trabaja, y eso deberían saberlo ellos.

Articulo de Bobby (Colaborador habitual)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Hacia la cultura de la diferencia "cero"

Vivimos en una sociedad de masas, con un consumo e informacion de masas. Esto, en muchos sentidos ha resultado beneficioso a la hora de poder acceder a determinadas cosas que de otra forma hubieran resultado imposibles.

Hoy día no podríamos conducir masivamente coches si estos no hubieran sido producidos en masa. No podríamos estar todos informados si no tuvieramos un acceso a los medios de comunicación de masas, ni gozaríamos de las ventajas de la sociedad de la informacion si no tuvieramos proveedores que nos facilitaran el acceso a redes.

Pero a la vez que esta “masificacion” nos ha hecho la vida más fácil, también nos la ha hecho si me permiten la expresion, la vida más aburrida y sobre todo menos original.

Con la produccion y consumo masivo, se ahorran costes. Principio básico del capitalismo es facilitar la accesibilidad de una produccion a una masa concreta de gente. Pero con esa masividad se pierde la genuino, lo propio de cada cosa y de cada ser o lo que es peor, se pierde hasta el pensamiento propio, la capacidad de ser crítico y de reflexionar sobre aquello que nos rodea.

Parece una contradicción con un menú tan amplio de posibilidades de consumo, hablar de pérdida de originalidad. Pero cuando analizamos lo que tenemos, nos damos cuenta de que verdaderamente la inventiva y la diferencia brillan por su ausencia.

Los consumidores compramos marcas, por una especie de necesidad espiritual de sentirnos diferentes, pero por comprar precisamente esas marcas, de forma masiva, perdemos esa originalidad que nos caracteriza.

Unas zapatillas deportivas valen lo que cuesta producirlas. Ya sea 5, 10 o 20 euros, da lo mismo. Pero estamos dispuestos a pagar más, para que estas pongan un logotipo diferenciativo que diga, mis zapatillas son mejores que las de mi vecino porque pone que son Nike, Adidas, o lo que a ustedes les parezca. Lo que te venden con esas zapatillas son un estatus o aspiracion social que teóricamente te diferencia de la masa.

Pero a la vez son productos o servicios a los que, precisamente por esa aspiracion de diferencia, acceden las masas.

Que masivamente compremos productos o servicios que nos hacen cada día más iguales no tiene más trascendencia que la falta de originalidad social. E incluso en algunos casos incide positivamente en la eliminacion de barreras o prejuicios sociales.

¿Quién iba a imaginar hace décadas que las mujeres llevaran pantalones? ¿Quién podría imaginar hace unos años que los hombres llevarían bolsos? Y sin embargo hoy día vemos mujeres con pantalones vaqueros. O lo que es mejor, hombres llevando un accesorio tan femenino como el bolso (la mal llamada “mariconera”).

Pero cuando esta masificacion afecta también a nuestra forma de pensar, pues la cuestion se puede calificar cuanto menos, de grave. Que nos digan lo que tenemos que comprar, pues bueno, a quien más o quien menos, le puede afectar. Pero que nos digan como debemos pensar, es terrible.

Evidentemente no lo hacen de forma descarada o consciente. Es un proceso sutil, lento pero mucho más efectivo. Subliminalmente nos inducen nuestra ideología, nuestra forma de percibir o de valorar el entorno. Y nos afecta por ende, a nuestro sentido crítico.

Así, poco a poco, perdemos nuestro sentido crítico, nuestra forma de valorar las cosas como creemos que deberían ser. Acabamos aceptando lo que nos diga otro, sobre como deben ser las cosas en lugar de pensarlo por nosotros mismos.

Masivamente nos volvemos de ideologías iguales, de izquierdas y derechas, en un intento banál de diferenciarnos del vecino en una clara estrategía de confrontismo. Las cosas ya no son buenas o malas por si mismas, sino según quien ha dicho como son.

Y con ello perdemos probablemente la característica que nos hace más genuínos y únicos. Más que unas Nike, más que un Rolex o incluso un mercedes, que no es otra que nuestra forma de pensar.

miércoles, 21 de enero de 2009

¿Solo "made in spain"?

La nueva política para salir de la crisis de manos del ministro de industria Sebastián es la de fomentar por parte de los españoles el consumo de productos nacionales frente a los extranjeros.

¿Es adecuada esta medida? A riesgo de que me coman a críticas los productores nacionales, he de decir que no me parece bien. El grave problema de España es su falta absoluta de competitividad frente a otros países.

Y falta de competitividad no significa que los productos nacionales sean más caros que los que llegan de fuera, lo cual es cierto. Competitividad implica que los españoles no sabemos vender nuestra imagen. No vendemos calidad al exterior. La imagen de España siempre ha sido la de producto de ínfima calidad y bajo precio.

Pero desde la entrada en el euro, hemos perdido la única ventaja que teníamos, nuestros bajos costes. Ahora los productos españoles son tan caros como lo pueden ser los alemanes.

Pedir, como se pide desde el ministerio, que se consuman productos españoles para salir de la crisis puede ser muy loable y bienintencionado e incluso puede ser efectivo a corto plazo. Pero solo aplazaría lo inevitable.

Si los españoles consumen cada vez menos producto nacional, es porque lo que nos ofrecen es caro y de peor calidad. Y cuando se tiene un producto de buena calidad, no se sabe vender. Por traer un ejemplo hablemos de un producto tan nacional y andaluz como el aceite de oliva. Ningún español duda de lo beneficioso que es para la salud el consumo de aceite y de hecho en España se vende muy bien a pesar de lo caro que es. Sin embargo en el extranjero el aceite español no llega. Llega el italiano que se vende en preciosas botellas de vino de medio litro y que tiene un sospechoso sabor hispano. Pero no es de extrañar cuando los productores nacionales tratan de vender esa “asquerosa y aceitosa botella de plástico” que no agrada a nadie.

Pero quien habla de aceite habla de cualquier marca española. Hay muy pocas marcas que en el exterior den imagen de calidad. Zara quizás sea una excepción y por eso es una de las grandes multinacionales españolas. Sus productos se venden como si fueran de alta costura, mientras que sus fábricas no están siquiera en España sino en Marruecos. Sin embargo los grandes beneficios de la marca se quedan fundamentalmente aquí a pesar de estar pagando salarios a los marroquíes.

Obligar moralmente a los españoles a que consuman productos de aquí, es como pedir que se premie la ineficiencia. Suena duro, sobre todo teniendo en cuenta que cuesta puestos de trabajo decir estas cosas. Pero tiene que entenderse de una vez que debemos dejar de especializar este país en los bajos costos. Más que nada porque es un modelo insostenible de desarrollo para un país avanzado. Debemos especializarnos en innovación y tecnología y vender nuestros productos como algo elitista porque eso da más valor añadido, da más beneficio. Y ese mayor beneficio repercute generalmente en un mayor salario.

Si el ministerio de industria quiere conseguir que se vendan nuestros productos lo que tiene es que apostar por que las empresas innoven, mejoren sus productos, su imagen, su marketing, etc… de manera que se nos reconozca por la excelencia y no por nuestros precios.

Consumir más producto nacional no va a sacar a España de la crisis.

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