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jueves, 14 de febrero de 2008

Alternativas a la deslocalización (II)

Nuevos productos:

Anteriormente, hemos remarcado que podemos atraer a trabajadores del propio país y de otros para trabajar en nuestras empresas, que han creado nuevos mercados en países en desarrollo. Esto da la posibilidad de una mayor diversificación de los productos, de buscar productos nuevos. Estas posibilidades de diversificación se encuentran respaldadas por el dinero obtenido en estos nuevos mercados, en los que podemos ser un monopolio prácticamente, sin cabida a la competencia por la fidelidad de nuestro público, acentuada si les ofrecemos un buen surtido de productos que puedan necesitar o desear. Estos nuevos productos cuentan, reitero, con solvencia económica para ser abordados y con mano de obra. ¿Cuáles serán esos nuevos productos?

Estos nuevos productos no son sólo nuevos derivados de los productos tradicionales, sino productos de gran difusión en estos países en vías de desarrollo, que no han llegado a salir de ellos. Su obtención industrial, su elaboración y difusión tiene éxito garantizado en estos países, pero también en Europa, sobre todo. La inmigración, familias que llegan a tener hasta tres o cuatro generaciones consecutivas en un país europeo, con arraigo europeo, siguen echando de menos esos productos tradicionales de su tierra de origen. Sucedáneos, productos llegados con cuentagotas irregularmente... han ayudado a añorar esos precisos productos y mantenerles abierto un mercado. Un buen lanzamiento de estos productos a un mercado europeo general puede contar con un gran apoyo y aceptación. Presentaciones a través de acciones de intercambio cultural, a través de presentaciones y promociones en grandes superficies y supermercados además de en asociaciones culturales, pueden ayudar a afianzar estos productos en el mercado. Esto tiene también otros efectos.

Las acciones de promoción a través de la integración socio-cultural pueden ser un fuerte atractivo. Su aplicación pude atraer a un público sensibilizado, además de a curiosos. Estos curiosos pueden quedar atraídos, como poco, por lo que acaban de experimentar. En todo caso, este público puede preferir a quien le ofrece estos nuevos productos, a quien fomenta la integración de la sociedad, a aquellos que carecen de ciertos productos que ellos necesitan e ignoran estas políticas de convivencia.

En el campo de los países en desarrollo, se pueden conseguir nuevamente prácticos monopolios en la obtención de los nuevos productos, se puede conseguir que muchas explotaciones que traten de explotar a sus trabajadores sean abandonadas por estos, sin más remedio. Estas explotaciones pueden ser retomadas con condiciones laborales más favorables, pero por empresas de la confianza de los trabajadores, esencialmente, las iniciadoras de este tipo de políticas. Los gobernantes de estos países pueden enriquecerse más a través de los impuestos pagados por su población que a través de los sobornos de los deslocalizadores, pero, además, de forma más estable, son mejor vistos por todos. Esto les puede suponer hacer gastos en infraestructuras, pero siempre en vistas a obtener una mayor rentabilidad y reconocimiento de sus conciudadanos. No olvidar que los monopolios así obtenidos son inquebrantables, pues se puede conseguir que la población sólo tenga total confianza y fidelidad en la empresa o las empresas que iniciaron esta política, siendo imposible que confíen en cualquier otro, poniendo estas empresas al servicio de sus trabajadores, dentro de los límites aconsejables siempre. Estos monopolios pueden tener su final, según veremos.

El final lógico de estas situaciones de monopolio llegará, pero nunca en una situación inicial de implantación, que dará gran poder a las empresas que tomen esta iniciativa. Serán los cambios lógicos de la política de la empresa, las ofertas mejores de la competencia tras un prolongado periodo de estabilidad, lo que puede introducir a esta competencia. Los cambios de política o la peor adaptación de esta a las necesidades de loe trabajadores, puede provocar descontento. Aprovechando este descontento, la competencia puede abrirse paso. De la misma manera, se abrirá paso la competencia aún sin el descontento, cuando ofrezca algo ventajoso y diferente. Para esto, es preciso que se olviden ciertos agradecimientos que estarán muy presentes en una implantación inicial de esta política. Cuando esto se pueda producir, las empresas que iniciaron esta política pueden ser las únicas que se puedan hacer la competencia entre sí. Estos monopolios en mercados muy parecidos a los de los países desarrollados, puede llevar a estas empresas a un dominio mundial de los mercados en sí. Estas empresas serán prácticamente las únicas que puedan ofrecerse competencia seria en sí. Otra competencia puede surgir en empresas incipientes, pequeñas y medianas empresas innovadoras o que satisfacen nichos del mercado. Estas empresas pueden tomar poco a poco el relevo de las grandes y estas se pueden dividir en otras según los servicios que ofrezca cada una de ellas, división de las grandes empresas en holdings. Esto puede asegurar un bienestar económico social por la existencia de cierta competencia.

Realizado por M.a.r.c.

Alternativas a la Deslocalización (I)

En otros artículos, ya he mostrado lo contraproducente que puede ser la deslocalización a largo plazo. Los efectos nocivos de esta política económica serían menores cuanto menos implantada estuviese al producirse sucesos contra esta, como los citados anteriormente. Dos alternativas son las principales bazas productivas más interesantes, con el añadido de que estas estrategias se pueden combinar para obtener mejores resultados: la creación y búsqueda de nuevos mercados y, la búsqueda de nuevos productos.

Nuevos mercados:

La búsqueda de nuevos mercados es la fórmula expansiva que ya aplican muchas empresas. Se buscan nuevas zonas donde introducir los propios productos; a veces, se llega a crear sistemas de apoyo a la venta y distribución o incluso fábricas en zonas específicas. Esto también se puede hacer en países en vías de desarrollo. En este último caso, si la empresa inversora está diversificada y es capaz de ofrecer un abanico de productos o tiene acceso a productos de otras empresas, puede optimizar su inversión por dos caminos simultáneos: ofrecer sueldos altos, como en un país desarrollado; y ofrecer además de sus propios productos, todos los que pueda, a sus trabajadores. Esta táctica tendrá muy claras consecuencias.

Las consecuencias de la aplicación de salarios equivalentes a los aplicados en un país desarrollado en uno en vías de desarrollo, junto a una importante oferta de productos por parte de la empresa que les da empleo, hace de los propios empleados, clientes. Estos clientes serán fieles al deber su muy notable mejor situación económica a la empresa que los empleó. Por otro lado, produce un efecto llamada de la población general del país, incluso de otros países, por obtener esas mismas ventajas laborales de una empresa dispuesta a darlas. Lo que permite a esta empresa diversificar aún más su inversión. En este caso, lo que se le paga al trabajador no sólo le es devuelto a la empresa empleadora por la compra de sus productos, sino que se puede producir cierto endeudamiento a favor de esta empresa por parte de sus trabajadores. Este endeudamiento se puede resolver con el tiempo, conforme se satisfacen las necesidades, pero la respuesta de los trabajadores a ese endeudamiento puede ser verse más implicados en su trabajo, tener más voluntad de cumplir con él y hacerlo lo mejor posible. Este endeudamiento ha de ser controlado.

La empresa, es aconsejable que controle este endeudamiento, para que no sea excesivo y se vuelva en su contra. El trabajador puede ser muy consciente de una deuda limitada, fácilmente asumible por él, pero siempre presente por su propia voluntad; puede agradecerla como una medida paternalista que no endeuda para siempre su futuro, pero que le permite progresar. Ante una deuda excesiva, el trabajador puede ver su futuro amenazado o puede tomar como derecho adquirido el engrosar desmedidamente su deuda, sin límites u oposición posibles. Esta deuda desmedida, ante cualquier contratiempo o rumor, pude crear un pánico en los trabajadores o protestas por encontrar cualquier insatisfacción. Tanto el pánico como las protestas, en este caso, pueden acabar violentamente. Por otro lado, la deuda desmedida puede ser engrosada sin que en momento alguno el deudor llegue a pagar un mínimo de esta. Cualquier intento por cobrar parte de esta deuda puede crear tanto el pánico como las protestas, como el hecho de que se proteste por retenciones sistemáticas en el sueldo por el pago de esta deuda.

(Continuará...)

Realizado por M.a.r.c.

martes, 12 de febrero de 2008

El Paraíso de la Deslocalización

La deslocalización parece ser un paraíso económico de gran interés. Permite abaratar costes y agrandar los márgenes de los beneficios. Esto se debe a que se produce en países donde cada producción concreta es muy barata y se vende a precios elevados en los países de origen de las empresas deslocalizadas. Para agrandar este margen, los productos así obtenidos conservan la nacionalidad de la empresa que los fabrica, por lo que no pagan buena parte de los aranceles e impuestos de entrada en este país. Para afianzar a estas empresas, sus grandes márgenes de beneficios les permiten gran flexibilidad en los mercados, sobre todo en políticas de precios, que pueden bajar muy por debajo de cualquier otra empresa incipiente que les pueda hacer la competencia. Esto rompe cualquier posibilidad de innovación en un sector, a no ser por un artículo completamente revolucionario, cuyos productores serán adquiridos de inmediato por la potente competencia deslocaliazada, o bien su patente, si no robada impunemente. El poder del dinero permite estas licencias. Como podremos ver esto es una gran invitación a deslocalizar.

La gran invitación a la deslocalización, por las ventajas observadas con anterioridad, es generalizada. Esto quiere decir que cualquier sector productivo, excepto la construcción, puede ser desplazada a un país económicamente más débil. Incluso la investigación, sobre todo de productos peligrosos, pude ser deslocalizada. La razón es que no sólo la mano de obra no especializada es más barata, sino que puede suponer un ahorro importante en medidas de seguridad para los trabajadores, el entorno, posibles vertidos...

Si nuestra deslocalización la hemos hecho a un país adecuado, nuestras posibilidades de obtener mayor rentabilidad se incrementan. Un país adecuado es una dictadura sobre la que podamos influir. Si nuestro poder económico no es aún demasiado importante, elegir un país de estas condiciones donde ya se sitúen otras empresas deslocalizadas puede ser una ayuda importante, pues podemos apoyarnos en estas otras empresas para incrementar su influencia y la nuestra. Un dictador bien pagado, puede permitir que se mine el poder adquisitivo de sus súbditos, si con ello se incrementa a su vez su poder adquisitivo además del margen de beneficios de las empresas deslocalizadas. Desde estas empresas y desde el gobierno controlado, se justificará toda acción en este sentido, negando cualquier explotación laboral o situación de esclavitud que se pueda dar a pesar de las evidencias. Cualquier acción contra el país o las empresas en el deslocalizadas podría tener un grave impacto en los mercados del primer mundo: sólo tenemos que imaginar el impacto del cierre repentino de Nike, con la consecuente suspensión de sus ventas y desaparición de sus productos del mercado. No solo supondría incontables consumidores sin poder contar con sus productos favoritos, tiendas especializadas cerradas, otras, sin una parte importante de su surtido, en camino al cierre a veces, y miles de empleados sin trabajo en el país de origen de la empresa deslocalizada, además de transportistas de distintos medios: camioneros, ferroviarios, marineros, pilotos... esto parece blindar a las grandes empresas deslocalizadas. Todo parece invitar a la deslocalización. ¿Es verdad que no tiene inconvenientes?

Varias son las formas en que se puede romper el encanto de estos paraísos de la deslocalización. La invitación, reitero, es general; incluso la producción de alimentos se puede deslocalizar. Otra ventaja es que, en el país adecuado, incluso puede bajar el poder adquisitivo de los trabajadores para la empresa deslocalizada con el tiempo. Conforme ese país depende cada vez más de las empresas deslocalizadas implantadas en él, se puede bajar cada vez más el poder adquisitivo de sus habitantes y hacerles depender cada vez más de su trabajo para estas empresas. Esto anima cada vez más a la deslocalización, además de la falta de competitividad de las empresas no deslocalizadas. La generalización de este proceso hace que en los países del primer mundo, originarios de las empresas deslocalizadas, el trabajo sólo se pueda encontrar en sectores no productivos, que quizás no puedan absolver a toda la población activa. En este caso, se pueden generar importantes bolsas de desempleo y una bajada general del poder adquisitivo que acabaría reduciendo el consumismo, minando así mismo los mercados. Los mercados minados, rotos, pueden ser un peligro en cierto modo asumible y afrontable, pero no el único ni el peor peligro de la deslocalización.

Dos grandes peligros son los que pueden destrozar a las empresas deslocalizadas y, posiblemente, el bienestar del orgulloso primer mundo, con el añadido de que estos peligros son contagiosos por varios caminos.

El dictador codicioso puede ser un gran peligro para las empresas deslocalizadas en su país. Lo solemos controlar y puede que si no conviene y vemos su peligro, lo cambiemos por otro sin problemas. En cada ocasión, el siguiente dictador, puede haber aprendido de su antecesor. Esto puede ser en todos los sentidos. El cambio que en un momento se realizó sin problemas, en otro puede acabar con una guerra civil o con la creación de un mártir nacional que aliente a todo el país en contra del uso y abuso de sus habitantes por empresas extranjeras. En estos dos últimos casos, como poco, la producción puede ser notablemente dañada. La guerra civil puede acabar en favor de seguir con la deslocalización o en contra de esta. En este primer caso, la imagen exterior es de que el país está sometido, incluso sus gobernantes, aunque no lo pareciese. Otros gobernantes de países en situaciones parecidas tomarán nota, sobre todo, al haber visto que las empresas deslocalizadas en ellos pueden depender en mucho de estos países. No se puede evitar que algunos se crean más listos y que alguno lo sea, transformándose en un mártir o en un vencedor que animará aún más al resto. En consecuencia, esto dificulta las posibilidades de deslocalizar y vacía los mercados de productos deslocalizados afectados por estos desordenes. Es la oportunidad para otras empresas de tomar esos mercados y de publicitarse como no deslocalizadas, ganándose así a un público muy sensibilizado.

Otro peligro, viene de la consciencia de la propia situación del trabajador para una empresa deslocalizada. Esto surge del propio espíritu de la deslocalización: producir en otros países para producir lo más barato posible para vender lo más caro posible. Muy distinto de: invertir en otros países para activar su economía. En este sentido, el abaratar los costes incluye rebajar en lo máximo posible el poder adquisitivo de nuestros trabajadores para producir lo más barato posible. En este sentido, el trabajador es cada vez más consciente de que produce productos que “JAMÁS” podrá disfrutar. Esta consciencia se refuerza conforme lo hace su explotación y conforme se debilitan sus posibilidades económicas o los servicios que llega a recibir a cambio de su trabajo. Esto genera un descontento que buscará la forma de enfrentarse al orden impuesto. Ante la menor oportunidad, aparecerán enfrentamientos cada vez más logrados y efectivos. El éxito o la noticia de confrontación en un sector de una fábrica deslocalizada, puede hacer que el resto de la fábrica, tanto como el resto de negocios parecidos, reproduzcan la misma actitud, desbordando la situación, arruinando incluso la viabilidad de las instalaciones productivas. Esta concienciación y estas actitudes pueden ser incluso fomentadas por un gobernante que podría ser un mártir para su pueblo en caso de ser apartado de su puesto. Estas actitudes, también son contagiosas a otros países. Los problemas de salud de una comunidad afectada por una empresa contaminante son aún más impredecibles y difíciles de sofocar que los casos contemplados anteriormente. Esto se agrava aún más por la generalización de la deslocalizacíon, como veremos más adelante.

Hasta ahora sólo vemos los casos de deslocalización en la elaboración de productos y, posiblemente en la investigación. La deslocalización de la producción agrícola, ganadera o pesquera también es posible, pero por cauces distintos. Hoy la compra de estos productos, por parte de los distribuidores, se hace a través de lonjas esencialmente. Hoy, esto ha desembocado en precios abusivamente bajos de compra para los productores de estos productos, que se traducen en precios de venta al público excesivamente altos. El intento de incrementar los márgenes de beneficios de estos grandes distribuidores, puede retirar a muchos productores de sus negocios y que se reivindiquen tratos de favor, medidas proteccionistas por parte de los que quedan. Esto, puede ser vencido, una vez más, adquiriendo o produciendo estos productos en lugares donde es más barato y los márgenes de beneficios mayores. Esto se produce, entre otras razones, porque ha existido gran dejadez en la diversificación del sector en los países desarrollados. En la Comunidad Europea, últimamente, se realiza una política agraria y ganadera claramente especulativa, sin mostrarse interés por la producción del sector, su especialización, diferenciación y diversificación en origen. Esto tiene un resultado que veremos más adelante.

El resultado es esta situación delicada, en que se puede buscar sistemas análogos a los de la producción industrial, para que se produzca esta deslocalización agraria, ganadera y pesquera, además del propio tedio de los productores en los países desarrollados. Las consecuencias pueden llegar a una importantísima dependencia del primer mundo de los países donde se ha deslocalizado la producción. Como hemos visto antes, la mayor competitividad de las empresas deslocalizadas lleva a ello a las demás. La toma de consciencia de los dirigentes de esos países o de personas que podrían tomar su control, podría derivar en situaciones como las puestas en relieve anteriormente. En ninguno de estos casos se trata de un simple cambio de papeles: de países ricos y pobres; esto sería un problema traumático que podría resolverse de forma violenta en muchos sentidos: enfrentamientos civiles o entre países, armados o no, revueltas y necesidades insatisfechas en todos los frentes y sentidos, que acentúan a su vez los enfrentamientos. Esto sólo se puede evitar buscando alternativas a la deslocalización, las hay y pueden ser mucho más productivas y rentables para todos, pero eso será otro tema.

Realizado por M.a.r.c.

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