Tarde o temprano tenía que pasar. Lo venían todos diciendo. Esta indignación que la población siente hacia sus políticos tenía que salir por alguna parte. Y salió. Pero no por donde todo el mundo esperaba. No por una huelga general.
Salió por un movimiento ciudadano espontáneo, convocado desde las redes sociales, sin ninguna organización obrera o sindical apoyando detrás.
Todo porque los ciudadanos estaban hartos y no comprendían el servilismo de los sindicatos hacia el gobierno. Porque la complicidad de estos hacia el gobierno de Zapatero era evidente.
Ahora los sindicatos han quedado retratados como un mecanismo más controlado por el poder, por los políticos, los banqueros y los mercados. Que ha abandonado la función original para la que fueron creados y se han convertido en una mera maquinaria más de dar trabajo mediante enchufismos, y mantener otra organización más mediante el cuento y la subvención.


