Blog de Actualidad política y económica. Con ideas propias (todo el mundo las tiene), pero hemos generado anticuerpos contra el fanatismo imperante, especialmente entre los grandes partidos
Vean las siguientes imágenes del alcalde de alcaucín cuando fue detenido.
¿No notan algo raro? Sí, efectivamente le están aplaudiendo. No, no me equivoco, se escuchan también gritos de ánimo. Nada de tirarle tomates, ni pimientos, ni nada de la huerta. Y no, no me he olvidado tampoco de la presunción de inocencia, aunque a este hombre le encontrarán más de 100.000 euros debajo del colchón. Lo que me sorprende de este caso es la actitúd del pueblo, que lejos de recriminarle algo, le aplauden como si lo que supuestamente ha hecho estuviera bien. ¿Qué menos que esperar a que la justicia dictamine si es culpable o no?
Lo peor no es tanto que este pueblo le aplaudiera, sino que en otros muchos casos de corrupción urbanística, los alcaldes inputados también son, por lo general, aplaudidos, alabados como heroes, víctimas de una especie de conspiración judeomasónica de la oposición al alcalde para echarle del poder.
Es triste ver como ni siquiera en estos casos tan llamativos, la gente abandona su ideario político, su consanguineidad, etc… No pido que esta gente le lance zapatos como hicieron con el Bush a pesar de que muchos de estos se lo merecerían tanto como él. Pero que menos que lo mismo que se respete la presunción de inocencia, se respete también una presunción de culpabilidad. Si una persona está imputada, es normalmente porque hay muchos indicios contra ella.
¿Qué menos que se callen? ¿Acaso no son estas personas cómplices de beneficiarse de la Burbuja inmobiliaria? Recordemos que mientras estos se hacían ricos, una generación entera de jovenes se veía resignada a permanecer en casa o a casarse de por vida con el banco. Las ilusiones de miles de jovenes ahogadas por unos precios imposibles y una especulación urbanísticas de los que, “presuntamente” alcaldes como el de “Alcaucín” se beneficiaron. Y sin embargo reciben aplausos.
Que triste es ver como miembros de la sociedad lejos de desaprobar estas acciones, lejos de reclamar un derecho tan legítimo como el de poder disponer de un bien de tan primerísima necesidad como una vivienda, lejos de manifestarse abiertamente contra estos casos, lejos de todo esto prefieren, aplaudir a un señor que ha decidido “supuestamente” llenarse los bolsillos engañando y robando.
Hace unos años, cuando todo iba estupendamente gracias a la burbuja inmobiliaria, la seguridad social disfrutaba de un importante superavit.
El superavit se destinó entonces a lo que se denomina: el fondo de reserva de la seguridad social o más conocido como la hucha de las pensiones.
Dado que tener el dinero en líquido era un dispendio ya que con la inflación este perdía valor, se decidió hace unos años que parte de este dinero se destinaría en parte a comprar deuda pública y otra parte sería invertida en bolsa (un 10% si no recuerdo mal).
Hoy día y después de caer la bolsa un 50 % desde máximos, temo que ese dinero haya caído en parte en saco roto y que ese 10% no sea ya más que un 5%. Pero aún siendo la pérdida de valor muy significativa no vengo hoy a quejarme de este posible dispendio público. Husmeando por internet he leído en algunas páginas que por lo visto el gobierno esta planteando comprar activos financieros de los bancos con el dinero del fondo de reserva, para, según he leído, inyectar capital en los bancos e invertir a su vez en “activos rentables”.
De ser cierta esta noticia cuyas fuentes pueden ver abajo, sería una gravísima violación de nuestros derechos. Los fondos de reserva no están ni para especular con ellos, como se lleva haciendo hace años, ni para salvar “el culo” a los bancos. Está para garantizar que las pensiones futuras puedan ser pagadas. Y al ritmo que la economía va, destruyendo tanto empleo y generando tanto paro, es muy probable que tengamos que acudir pronto a esos fondos.
¿Qué haremos entonces si los bancos los dilapidan? ¿Qué pasa si no se puede recuperar el dinero “invertido”? ¿Nos bajaran las pensiones? ¿Nos quedaremos sin ellas?
Quizás esto sea un maquiavélico plan para que todos suscribamos planes de pensiones privados en los bancos. O puede que simplemente sea pura negligencia gubernamental. Pero con todo esto me estoy pensando cada vez más lo de meter dinero en el calcetín.
Mañana mismo se celebran elecciones tanto en el País vasco como en Galicia donde los sondeos auguran un resultado muy ajustado. En ambas regiones, donde el nacionalismo tiene amplia presencia, la cuestión central consiste en ver si los nacionalistas se mantienen o no en el poder.
En este sentido toda la estrategia electoral, tanto de los partidos nacionales como de los nacionalistas, ha consistido básicamente en resaltar el carácter nacionalista del partido y su preocupación por las cuestiones identitarias. Todo esto enfocado a quien traerá más competencias, quien dará más autonomía, ... En esta dinámica, en la que vivimos desde hace 30 años, estamos viviendo una especie de desmembración competencial del Estado español en pro de los intereses nacionalistas de las regiones o para servir a los intereses de los barones regionales de los dos grandes partidos.
Esta descentralización, al amparo de la indefinición constitucional, se ha venido haciendo sin ton ni son, delegando más a donde más interesaba políticamente y menos donde no era tan necesario.
Esto ha hecho que algunas comunidades disfruten de unas competencias que otras no tienen y que al amparo de estas, cuenten con una financiación adicional que no siempre se ajusta a un criterio de proporcionalidad.
A la vez este sistema federalista se ha desequilibrado también en pro de unos supuestos derechos históricos de determinadas comunidades autónomas (Pais Vasco y Navarra) los ingresos que cada comunidad autonoma aporta no se ajustan al criterio de equidad territorial, teniendo que soportar el resto de España una carga impositiva extra frente a esos territorios.
Pero quizás el hecho más grave que este sistema federal está provocando es el fuerte descompensación en la calidad de los servicios públicos que las comunidades ofrecen. Dependiendo del territorio, se puede disfrutar de una mejor o peor educación, sanidad o infraestructuras. Servicios que muchas veces dependen propiamente de los ingresos que manejan estas y servicios que a su vez son utilizados más para servir a los intereses de barones regionales y/o partidos nacionalistas, que a cumplir los criterios de servicio ciudadano que propiamente tienen.
Asi nos encontramos en la Educación con 17 libros de historia distintos, 17 geografías, etc… y en la Sanidad por ejemplo con calendarios de vacunacion distintos, distintas operaciones financiables, etc…
Llegados a este punto planteo, al igual que lo hacen Upyd y en menor medida el Partido Popular, si no sería quizás el momento de replantearse el sistema federal y terminar de una vez su diseño de manera que determinadas competencias sean totalmente cedidas a las comunidades y otras recuperadas por el Estado. Todo ello planteado desde la óptica constructiva viendo en que aspectos hemos progresado con la federalización y en cuales hemos retrocido para reconstruir el sistema competencial.
Ser más o menos federalista no es una cuestión de ideología política. Delegar competencias sin criterio no es ser más de izquierdas lo mismo que querer mantener estas en manos del Estado central no es ser de derechas. Si queremos progresar como país, hay que remodelar el sistema competencial sin prejuicios ideológicos y teniendo en cuenta el principio fundamental de la equidad tanto a nivel personal como territorial.
Viendo en las noticias el caso de la niña sevillana Marta del Castillo, estuve escuchando la petición del padre de la niña de un referéndum sobre la cadena perpetua.
Como firme detractor de esta, la primera reacción que tuve fue, he de confesar, el de negarme rotundamente. Al rato me paré a reflexionar la petición de este hombre y me recordó el tema, que tantas veces he discutido en este blog, de la democracia directa, y no pude sino sorprenderme de mi propia reacción. Pensé entonces que estaba equivocado en mi planteamiento y que verdaderamente este hombre tenía todo el derecho y la razón de solicitar un referéndum. Esto me llevó a pensar a que nivel de perversión está llevando el sistema político que los ciudadanos estamos interiorizando las posturas de los partidos políticos antes de plantear nuestras propias reflexiones.
Traigo esto a colación porque sorprende la reacción de los partidos políticos que lejos de utilizar este tema bien a favor o bien en contra, se han cerrado en banda y no opinan. Aún siendo consciente de que la mayoría de partidos puede estar en contra, también sé que esta medida, al ser muy populista, seguramente sería aprobada en referéndum.
Pero aunque me repugne decirlo, en previsión del seguro resultado, no puedo sino más que estar conforme con la celebración de este y de otros tantos referéndum que se debieran de convocar, para decidir las cuestiones fundamentales que afectan al pueblo.
No entiendo ni entenderé jamás que tengamos que someternos a la voluntad de los partidos políticos cuando nosotros, los ciudadanos, somos capaces de tomar nuestras propias decisiones.
Es cierto que los partidos políticos son la representación del pueblo pero no por ello siempre eligen lo que mayoritariamente este quiere. Muchas veces puede que sea cierto que lo que deciden los partidos en el parlamento es lo más adecuado, a pesar de no ser lo más populista. Pero no por ello tenemos que resignarnos, como ciudadanos, a que ellos elijan el “mal menor”.
Si verdaderamente considera el gremio político, al igual que yo, que la cuestión fundamental no reside en cadena perpetua Sí o No, sino en la capacidad de prevención y reinserción de los delincuentes, que lo expliquen a la ciudadanía y que sea esta, y no ellos, los que digan NO a la cadena perpetua.
Si un partido político trajera en su programa político las siguientes propuestas:
Pena de muerte a violadores
Subida de sueldos a diputados
Ayudas a los bancos
Subidas de impuestos a los ciudadanos
Seguramente la gran mayoría estaría de acuerdo con la primera propuesta pero no con las otras 3. Sin embargo, si ese partido político ocultara esas 3 propuestas y ganara las elecciones con la primera, seguramente nos escandalizaríamos de la mala praxis del partido que se ha aprovechado de una medida populista para sacar adelante 3 medidas muy impopulares.
¿Es democrático que un partido elegido por la ciudadanía lleve a cabo la gran mayoría de propuestas en contra de la voluntad popular? ¿No puede el pueblo acaso elegir por sí mismo que es lo mejor para el país?
Llegado a este punto se me puede contraargumentar que si no se está de acuerdo con el programa y la labor del partido, la democracia representativa está para cambiar a los representantes. Que se puede en definitiva cambiar al partido gobernante.
Pero jamás se podrá coincidir 100% con el programa político de uno u otro partido ni se pueden cambiar automáticamente los gobiernos aunque el pueblo cambie de opinión sobre estos.
Defender una democracia más directa no implica, como alguna vez en algún otro post se me ha argumentado, que tenga que votarse todas y cada una de las propuestas. Ese sería el ideal de democracia en mi opinión, una democracia quizás un tanto utópica visto con los ojos presentes, pero que por ello no debería dejar de ser algo perseguible.
Si se reclama una democracia más directa, es porque la gran mayoría de la ciudadanía siente que los partidos políticos cada vez representan menos los deseos del pueblo. No podemos negarnos pues, a un sistema más representativo de los deseos colectivos, simplemente porque tengamos miedo de estos. Defender una democracia más directa implica aceptar lo que el pueblo quiere, sin más, por mucho que consideremos que la mayoría puede no tener siempre razón.
Por tanto, debo aceptar y ser coherente con mis propias convicciones, diciendo sí al referéndum, a pesar de estar casi seguro de que ganará el SÍ a la Cadena Perpetua. Pero sí a este y otros muchos muchísimos más referéndum que se tendrían que celebrar en este país para ganar en democracia.