domingo, 25 de julio de 2010

Ateos y amorales


Para ser buena persona hay que creer en Dios. Parece como si los que no creemos en nada sobrenatural no pudiéramos tener moral. Somos tratados como almas en pena que vagan por este mundo sin ningún código ético, cometiendo crímenes y sin saber realmente la diferencia entre lo bueno y lo malo.

Aunque le pese a algunos religiosos, tenemos moral. No me malinterpreten, pues no digo que la religión sea mala. Solo digo que la religión no es necesaria para gozar de un buen código ético. De hecho muchas personas, amparadas en la religión han realizado monstruosidades y gente que nunca tuvieron el más mínimo de fe fueron bellísimas personas.

El problema radica en que muchos asocian religión y código ético. Algunos van más allá y lo relacionan con la política. En otras palabras, para creer en Dios hay que ser de derechas y moralista, y el que no cree en Dios ha de ser de izquierdas a la fuerza ni tener el más mínimo sentido de la moral.

Sin ir más lejos y no me considero un caso raro, no creo en Dios, me defino agnóstico tirando a ateo y sin embargo tengo mi propio código ético, lo mismo que tengo mi ideología política. Y dentro de mi código se encuentra un profundo respeto a la vida humana en cualquiera de sus formas y estadios, lo que me lleva a estar en contra del Aborto.

Sin embargo parece que cuando, en medio de una discusión con amigos, dejas caer que estás en contra de cualquier forma de aborto, automáticamente te asocian con un religioso y un facha. El respeto a la vida no es propiedad ni de la iglesia ni de la derecha, ni los que se consideran progresistas están en contra ni desprecian la vida. Asociar una idea o un código moral a una ideología es llevar una actitud fundamentalista al extremo.

Algunas personas sin embargo tienen la tendencia de extraer rápidamente conclusiones de una idea. Un pensamiento, una opinión, un código moral no definen a un sujeto. Lo que pasa es que nos estamos acostumbrando a los estereotipos y las etiquetas.

Y ya es un estereotipo “progresista y abortista”. No creo necesario repetirlo. Como ya defendí en un anterior artículo, no creo que defender el aborto sea sinónimo de ser progresistas, lo mismo que no creo que todas las personas que abortan sean ateas.

E igual que defiendo con vehemencia la vida, ello no me impide defender el uso del preservativo como parece ocurrirle a la Iglesia católica en una especie de fobia del condón y de una vida sexual activa.

No obstante, esto no significa que la mayoría de las personas gocemos de unos códigos eticos muy diferentes. De hecho en lo fundamental la mayoría estamos de acuerdo. Solo que algunos se desvían de lo comúnmente aceptado y hay tendencia, por aquello de que la filosofia y la etica son herederas de la religión, a asociar esas personas con el ateísmo.

Cuando ni siquiera es un problema, pienso yo, de religiosidad, sino más bien de educación. Para gozar de unos buenos principios en la vida, no es preciso creer en una divinidad superior (cuantísimos crímenes se habrán cometido en nombre de un dios), sino de tener o más bien haber recibido una buena educación.


jueves, 22 de julio de 2010

¿Se debe conceder el derecho de autodeterminación?


Los pueblos tienen derecho a decidir libremente. Como colectivo con una historia y cultura propias, concedemos nuestra soberanía y nuestra capacidad de decidir (la soberanía popular) a un Ente depositario llamado Estado que rige, con nuestro permiso los designios de un país.

Sin embargo es frecuente que dentro de la ciudadanía no todos comulguen con la comunidad formada en su conjunto. Con frecuencia un grupo de disidentes con la política nacional, invocando a la historia y tradiciones comunes de su comunidad particular, solicitan o reivindican el derecho a separarse del grupo mayor.

¿Debe entonces la nación conceder el derecho a los ciudadanos a decidir libremente su destino dentro o fuera de la colectividad?

La pregunta parece tener fácil respuesta. Todo ciudadano tiene derecho a decidir su destino. No se le puede forzar a vivir allá donde no quiere. Y eso puede extrapolarse a una comunidad de individuos si estos, en su mayoría, deciden ser independientes.

Pero, ¿ese derecho se puede conceder libremente o sin limitaciones? ¿Pueden o deben aspirar todas las comunidades o colectivos a separarse del grupo mayor si en un determinado momento lo deciden así?

Imaginémonos la hipotética situación de que una región española (Andalucía, por no cargar siempre mis críticas hacia Cataluña o País Vasco) decide que ha llegado el momento de separarse de España y reivindica a la nación española el derecho de autodeterminación.

Los motivos que le han llevado a esta decisión segun sus dirigentes son múltiples. Estos aluden a razones históricas, idiomáticas y un claro desprecio desde España a sus exigencias. España negó a Andalucía en el último Estatuto el término nación, además de no concederle la política fiscal, la hacienda, y una serie de recursos e instrumentos económicos que hubieran situado a Andalucía con una privilegiada situación financiera.

Así que, detrás de las reivindicaciones de independencia de Andalucía pueden esconderse motivos económicos, o al menos así lo consideran la mayoría de los ciudadanos del resto de España, que lógicamente se niegan a conceder semejantes privilegios.

Por tanto tenemos una comunidad o colectivo que presiona al resto de la nación con la independencia de no acceder a sus peticiones. ¿Qué debe hacer la nación española? ¿Debe conceder el derecho de autodeterminación basándose en motivaciones históricas o debe frenar las aspiraciones secesionistas a cualquier precio para evitar que otras regiones emulen a Andalucía?

Si concedemos este derecho, las tensiones nacionalistas en la region de Andalucia se difuminarían, pero llegado el momento, si Andalucía refrenda la independencia y se separa otras regiones podrían intentar emular a Andalucía para conseguir las mismas ventajas. El levantamiento de fronteras entre regiones provocaría un perjuicio en las relaciones comerciales entre ambos y con el exterior.

En cambio si no concedemos la independencia de la región las tensiones podrían dispararse hasta el punto de empujar a una guerra civil si no se alivian por los cauces políticos. Por otra parte el hecho de “retener” a Andalucía podría posponer las presiones de otras regiones nacionalistas que están a la espera de ver que sucede con esta.

Como vemos el derecho de un pueblo a la independencia puede mezclarse con intereses economicos más oscuros e incluso mezquinos. Si un territorio, ya sea un conjunto de comunidades autonomas, una sola, una provincia o una comarca se considera políticamente perjudicada por las políticas “centralistas de una nación” podría amenazar siempre con la independencia con el objetivo de tensar la cuerda lo suficiente para que sus reivindicaciones económicas y políticas sean escuchadas.

Si el país cede a las presiones de sus regiones puede encontrarse con importantes focos de desigualdad entre regiones. Si no cede puede enfrentarse a procesos independentistas que desmembrarían su geografía.

¿Dónde hay que poner el limite entre la libertad de los pueblos y la igualdad entre individuos que viven en distintas regiones? ¿Debe concederse libremente, limitarse o impedirse el derecho de independencia?

Preguntas sin una respuesta sencilla.


domingo, 18 de julio de 2010

El negocio de la necesidad


En esto de la libertad del mercado, de todo se hace ya negocio. De la comida, de la ropa, de las casas, de aquellos productos necesarios para la vida diaria de las personas y que sin los cuales la vida sería mucho más difícil.

Y aunque no es malo que el mercado se ocupe de que los empresarios satisfagan las necesidades básicas de los consumidores, también es cierto que no podemos entregarle el poder total y absoluto a este.

Desgraciadamente no todo lo que se produce llega con un precio justo al que más lo necesita. Ni todo el precio que el consumidor paga llega integramente al que produce la mercancía.

Veamos sino lo que pasa con multitud de productos alimenticios, ya sea aquí en España o peor todavía, en países en desarrollo. Los agricultores cultivan sus productos y reciben un precio por ellos que apenas cubre parte de sus costes.

Sin embargo el consumidor paga entre 2 y 10 veces más que lo que el agricultor percibe. ¿Dónde se eleva tantísimo el precio? ¿Quién se lleva la mayor parte de los beneficios?

Las cadenas de distribución son en gran parte culpables de esta situación. Abusan de su posición dominante en el mercado para pagar mucho menos al agricultor e igualmente repercuten un precio mucho mayor al consumidor, que el que podrían de no ser tan pocos y poderosos.

Tan miserable o más es la situación que se da en los mercados internacionales con los productos básicos. Todos los productos agrícolas, café, cacao, azúcar, cereal, arroz, etc… cotizan a unos precios en los mercados internacionales y fluctúan en función de la oferta de los países productores y la demanda de los países consumidores.

Esto no tendría más importancia si en estos mercados no se entrometieran Hedge Funds (Fondos puramente especulativos) que apuestan (como si fuera un juego) por la subida y bajada de determinadas mercancías, que ni tienen intención de tocar ni consumir.

Esos fondos juegan con el último céntimo/centavo de subida o bajada de la mercancía para hacer millones. ¿Y a costa de que? De la miseria de millones de personas residentes en los países pobres que no tienen otro oficio que el de cultivar cosechas que esperan poder exportar a los países ricos para que las consuman.

Estas fluctuaciones de los mercados agrícolas pueden causar la ruina económica de países enteros. Recordemos que los países del tercer mundo están por lo general especializados en la exportación de una o varias mercancías concretas que por su genuino clima, solo pueden cultivar en su región. Si miles de fondos especulativos juegan con el precio de estas mercancías, las distorsiones que provocan en las producciones pueden ser terribles de manera que un año puedan estar produciendo el doble de lo normal para el año siguiente no vender nada y arruinarse.

¿Es que no pensamos hacer nada contra este cruento negocio de vidas humanas? Porque esto señoras y señores es pura esclavitud económica.


viernes, 16 de julio de 2010

Cataluña no es una nacion


Cataluña no es una nacion. Esto no es un hecho opinable. Nos guste o no, Cataluña no ha declarado su independencia, ni puede declararla mediante un Estatuto. Por tanto es de lógica que el tribunal constitucional haya declarado la invalidez juridica del termino "Nacion", pues de otro modo habría significado el reconocimiento implicito de la independencia catalana.

¿Es la indisoluble unidad de la Nacion española humillante para Cataluña? Eso es una perversión del lenguaje. Porque ha de ser humillante el reconocimiento de una realidad. Si los ciudadanos de Cataluña desean la independencia que la soliciten. Existen cauces para ello, por muy dificultosos que estos sean. Y existen partidos que la apoyan. Pero Cataluña, la llamen como la quieran llamar es una Comunidad Autonoma dentro del Estado Español de las autonomías declarada por la Constitución de 1978.

No me interpreten mal. Si la mayoría de los habitantes de Cataluña desea la independencia, yo seré de los primeros que la apoye. No vivo en Cataluña, no comprendo el Catalan ni entiendo las motivaciones que pueden llevar a un importante numero de personas a apoyar la segregación de una comunidad de 300 millones de hispanohablantes, con las ventajas que ello implica. Pero si llegado el momento Cataluña mueve ficha, y gana un referéndum por la independencia, no veo porque hemos de impedirles que se independicen.

Lo que no acabo de comprender es porque tratan de centrar todo el debate del Estatuto en el machacante termino "Nación". Eso sí que es humillante para los demás. Como andaluz que soy, ¿como debo sentirme cada vez que oigo que “Cataluña” se siente ofendida por ser una “vulgar” Comunidad autónoma?

Lo que no puede ser es que, si viven en España deban de tener sus ciudadanos un estatus privilegiado con todas las ventajas y ningun inconveniente. Porque eso es lo que tiene ser una Nacion. Tiene sus pros, tales como administrar tu propio dinero, tu bandera, tu idioma, etc… Pero también sus contras como el hecho de tener que integrarte en una Comunidad internacional, establecer acuerdos comerciales, soportar las tensiones regionalistas de las zonas independentistas y fronterizas, etc…

Digo esto porque por sus políticos, siempre ha dado la sensación de que los catalanes desean seguir con todos los privilegios de pertenecer a España pero sin ninguno de sus inconvenientes. Quieren pertenecer a la Union Europea, quieren poder usar el Catalan exclusivamente, quieren tener sus propias embajadas, su propia agencia tributaria, su propia justicia, etc… Eso si, sin pagar más impuestos que los demas, sino más bien al contrario, pues a pesar de su nivel de vida (eminentemente superior a la de un andaluz o un extremeño) no quieren que los impuestos de la renta, esos que se utilizan para detraer impuestos a los más ricos, vayan a parar a proyectos que propugnan la igualdad entre regiones (y por tanto a sus ciudadanos).

Más aun los partidos catalanes pretenden pervertir todo el discurso, de manera que convierten a Cataluña en un ente con vida propia, independientemente de si sus ciudadanos comparten realmente las ideas de sus políticos. Ellos se erigen como la voz y voluntad de ese imaginario llamado Cataluña, que se siente tan dolida y humillada porque un tribunal ha declarado que no pueden estar por encima de los demás.

Todo eso sin recordar que ni las Comunidades ni las Naciones tienen derechos, sino que son los ciudadanos los depositarios y propietarios de estos. Que si alguien se tiene que sentir humillado es el ciudadano español, independientemente de si vive en cataluña y no desea ser nombrado así, como si está en Madrid y está orgulloso de ello, pues han pretendido destruir el indisoluble instrumento de la equidad ciudadana dentro del Estado Español.


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