domingo, 28 de febrero de 2010

Ataques especulativos: la nueva amenaza

El sistema capitalista concede plena libertad de movimiento a cualquier capital. Dicho en otras palabras, el liberalismo economico pregona la libertad de movimiento, de un mercado a otro, de un país a otro, sin obstáculos ni barreras.

Esta libertad se basa en la creencia, de que el mercado es capaz de regularse a si mismo y en la presuncion de que es perfecto, en el sentido de que ningun agente tiene la capacidad de influir ni en el mercado ni en el precio.

Sin embargo este mismo sistema economico propicia, por otra parte, la acumulación de capital en pocas manos. Aquellos que mas capital poseen (dinero, terrenos, etc…) tienen más posibilidades de incrementar su patrimonio y por tanto se produce una cierta concentración de riqueza.

Esta concentracion otorga poder. Poder desde la óptica de la capacidad de influencia en el mercado. Quien más tiene, más puede comprar o vender y como resultado más puede influir en el mercado.

Hasta hace unos años, el nivel de concentración de riqueza tan solo permitía cierto nivel de influencia en el mercado para beneficio propio. El que tenía mucho tenía influencia, pero limitada tan solo a la posibilidad de hacerse más rico, sin alterar sustancialmente, las condiciones generales del mercado.

Por entonces se aceptaba en cierto modo que esa imperfección. Esa capacidad de influencia que ejercían los especuladores en beneficio propio no alteraba la oferta y la demanda y por tanto no afectaba al principio fundamental de la mano invisible y la libre formación de precios.

Era una codicia aunque inmoral, en cierto modo tolerable. Aceptabamos que algunos jugaran con el mercado para hacerse ricos siempre y cuando no perjudicaran a los demas en su intento de subirse al carro. O al menos lo permitíamos bajo la creencia de que aquello no podía hacernos daño.

El tiempo y en especial la crisis financiera reciente acabó dando la razón a aquellos que defendíamos que esa imperfección sí alteraba sustancialmente el mercado perjudicando a la economía y en especial a los indefensos. No nos escucharon e incluso cuando admitieron su error, en lugar de corregir las condiciones que propiciaron estos errores, se ayudó a los culpables de estos para preservar los principios de libremercado que defendían.

El tiempo ha pasado. La crisis economica empieza a vislumbrar un final. Ha sido una crisis muy dura, que ha tenido victimas entre los inocentes e impunes entre los culpables. Pero parece al menos que saldremos. Saldremos si las condiciones los permiten.

La situación sin embargo ha cambiado. Aquellos que antes jugaban con su dinero por codicia son ahora más poderosos. Tienen más dinero, y por tanto más influencia y poder. Y eso propicia nuevas condiciones. Condiciones que pueden impedir la recuperacion o propiciar una nueva crisis.

Ahora los especuladores cuentan con una nueva capacidad. La capacidad de alterar sustancialmente las condiciones del mercado, no solo para su beneficio propio, sino para servir a sus oscuros intereses políticos y económicos. Cuentan con la capacidad de atacar el mercado. De organizar ataques especulativos.

Las crisis especulativas no son algo nuevo, pero los ataques sí lo son.

Que las burbujas de precios terminaran por explotar podía ser causa del movimiento de unos pocos inocentes, que bajo el miedo de que la burbuja explotara, terminaban por provocar su explosión.

Ahora estos nuevos especuladores cuentan con la capacidad de generar y destruir burbujas a su antojo, de alterar sustancialmente los precios de productos, mercancías o divisas y son capaces de provocar la ruina de los mercados que controlan.

El primer gran ejemplo lo hemos vivido en Grecia. Los servicios secretos americanos han descubierto ataques especulativos contra la economía griega y en menor medida contra las economías débiles de la zona euro (entre ellas la española).

¿Cuánto tiempo tardaremos en sucumbir a las presiones de los ataques especulativos? ¿Acaso no tienen ninguna responsabilidad penal aquellos que especulan y atacan a una economía?

Están alcanzando un nivel crítico. Cada vez son más peligrosos y sin embargo no hacemos nada por controlarlos. Dentro de poco tendrán la capacidad de condicionar gobiernos tanto en los países pobres como en los ricos.

Y para entonces verdaderamente será cierto que los ricos controlarán el mundo a su antojo.

Noticias relacionadas
http://www.abc.es/20100227/economia-economia/soros-especuladores-apuestan-millones-20100227.html
http://www.expansion.com/2010/02/26/inversion/divisas/1267201185.html
http://www.clarin.com/diario/2010/02/27/elmundo/i-02148734.htm

Escrito por Tremendelirius


miércoles, 10 de febrero de 2010

Sacrificando la presuncion de inocencia


El derecho de presuncion de inocencia es quizás uno de los garantes más importantes de nuestra democracia. La diferencia de una democracia y una dictadura puede estar en el simple hecho de considerar a todos inocentes o culpables, hasta que se demuestre lo contario.

No es poca cosa pues, si pensamos que todos somos inocentes salvo que se demuestre lo contrario, estamos considerando implícitamente que es mucho más grave encarcelar erróneamente a un inocente que dejar libre a un culpable.

En un sistema así, la mayoría de los errores serán los segundos. El precio de considerar a todo el mundo inocente, hasta tener pruebas fehacientes de que un acusado es culpable, es que muchos culpables acabarán siendo liberados por falta de pruebas.

Si quisieramos asegurarnos de que las calles estuviesen libres de criminales (calles seguras), tendríamos que hacer la consideración contraria, es decir, una presuncion de culpabilidad.

Si, todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contario, consideramos más grave dejar a un criminal libre que a un inocente en la carcel. Tendríamos calles prácticamente libres de criminales, pero el precio sería muy alto. Habría miles de inocentes, que al no poder demostrar su inocencia, tendrían que permanecer un tiempo encerrados.

Visto lo visto, una presuncion de culpabilidad otorga cierta seguridad de que el hecho delictivo no quedará impune, pero supondrá el sacrificio de multitud de inocentes, víctimas de una consideración injusta. Es decir, estamos privando del derecho a la libertad del individuo (concretamente a la libertad de movimiento) en pro de la seguridad.

En otras palabras, presuncion de inocencia o de culpabilidad contraponen libertad contra seguridad. Y ello se puede aplicar a todos los ambitos de nuestra vida.

El ejemplo más suave que se puede hacer “entre comillas” es el del famoso canon digital de la SGAE. Con el canon se presupone, que todos los ciudadanos son culpables de piratería, a cambio de tener la seguridad de que nuestros artistas cobran sus derechos de autor. Se está por tanto suponiendo que, y salvo que demostremos lo contrario, todos utilizamos los soportes digitales (CD’s, DVD,s, Discos Duros, etc…) para “robar música/películas/juegos” a los autores.

Pronto llegará la temida ley de Economía Sostenible, en el que se pondrá la llamada ley de Sinde o ley antidescargas. En ella se dan una serie de prerrogativas al gobierno para clausurar una página al más mínimo indicio de culpabilidad, sin sentencia previa que la demuestre.

Hablar de estos ejemplos parece un tanto banal. No hay cifras o estudios fiables al respecto, pero todos conocemos a gente que se ha bajado alguna cancion o película “pirata”. Parece una práctica generalizada. Y por tanto parece en cierto modo legítimo cobrar un canon de piratería.

Pero, aun siendo una práctica generalizada, no podemos aceptar sin más esta imposición, porque coarta la libertad del individuo, sacrificando su más sagrado derecho. Habrá alguien que no haya bajado una película o canción en su vida. ¿Por qué entonces se le sentencia como culpable?

¿Se imaginan esto aplicado a otros ámbitos o leyes?

¿Se imaginan que todos los dueños de perros tuvieran que pagar un canon por las caquitas que dejan los perros en las calles? Hay dueños limpísimos, que siempre recogen los excrementos de sus mascotas, pero como es una práctica generalizada, debemos multarlos a todos. Tendríamos calles limpísimas, pero el precio lo tendrían que pagar tanto los buenos como los malos dueños.

Parece poca cosa hablar de animales, pero, ¿y si vamos subiendo peldaños?

Si lo hicieramos con el tráfico, habría que sancionar a todos los conductores, con la más minima sospecha de que hubieran bebido, corrido demasiado... Si todos, a la mínima sospecha, fueran a la carcel, desde luego tendríamos carreteras segurísimas pero a costa de tener a miles de conductores inocentes metidos en los calabozos.

Mas grave, ¿no? Sigamos

¿Qué les parecería si le pillaran en la escena de un crimen y sin prueba que medie, le encerraran, junto a todos los demas testigos hasta que dieran con el verdadero culpable? ¿Y si no lo hallaran? ¿Y si decidieran tenerlo a usted y a otros muchos como usted cuyo unico delito era estar en el lugar equivocado en el momento menos oportuno?

Ya hablamos de palabras mayores, ¿verdad?

Desde luego, con sistemas tan severos tendríamos calles limpias y seguras. Pero a costa de que muchos inocentes pagando condenas injustas y severas.

Parece, al menos hasta aquí, que la cosa se queda solo en el canon digital. Que de momento no hemos subido muchos peldaños. Pero olvidamos una cosa muy importante, que lleva ocurriendo desde el 11 de Septiembre de 2001, cada vez con más frecuencia y gravedad.

Hablamos de la violación sistematica de nuestra libertad de movimientos en pro de la seguridad aerea. Hace unos años los aeropuertos y los aviones eran sitios muy inseguros. Cualquiera podía entrar con una bomba en el equipaje de mano y hacerla explotar en pleno vuelo. Hoy día, es harto difícil incluso para un terrorista atentar con un avion.

¿Tenemos más seguridad? Indudablemente ahora uno se siente “más seguro” cuando viaja en un avion. El problema está en que no te detengan antes de embarcar, porque hoy día es fácil que te confundan con Osama Bin Laden y sino que le pregunten a Llamazares.

Los controles de seguridad de los aeropuertos, en especial los de Estados Unidos, son infernales. El sacrificio por la seguridad ha sido, el de unas medidas muy humillantes en los aeropuertos. No hay cosa ya que no sea susceptible de ser revisada. Antes todavía podías preservar tu desnudez, ahora, con la inclusión de los escáneres térmicos, te verán hasta tus partes pudendas.

Todo por la seguridad. Porque indudablemente, pasajero, eres culpable de llevar una bomba, a menos que demuestres lo contrario, es decir, que te registren hasta el “carnet de identidad” para que sepan que eres inocente.

Estamos llegando a una democracia sin presuncion de inocencia, o dicho con otras palabras, a una dictadura de la seguridad.


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