jueves, 22 de julio de 2010

¿Se debe conceder el derecho de autodeterminación?


Los pueblos tienen derecho a decidir libremente. Como colectivo con una historia y cultura propias, concedemos nuestra soberanía y nuestra capacidad de decidir (la soberanía popular) a un Ente depositario llamado Estado que rige, con nuestro permiso los designios de un país.

Sin embargo es frecuente que dentro de la ciudadanía no todos comulguen con la comunidad formada en su conjunto. Con frecuencia un grupo de disidentes con la política nacional, invocando a la historia y tradiciones comunes de su comunidad particular, solicitan o reivindican el derecho a separarse del grupo mayor.

¿Debe entonces la nación conceder el derecho a los ciudadanos a decidir libremente su destino dentro o fuera de la colectividad?

La pregunta parece tener fácil respuesta. Todo ciudadano tiene derecho a decidir su destino. No se le puede forzar a vivir allá donde no quiere. Y eso puede extrapolarse a una comunidad de individuos si estos, en su mayoría, deciden ser independientes.

Pero, ¿ese derecho se puede conceder libremente o sin limitaciones? ¿Pueden o deben aspirar todas las comunidades o colectivos a separarse del grupo mayor si en un determinado momento lo deciden así?

Imaginémonos la hipotética situación de que una región española (Andalucía, por no cargar siempre mis críticas hacia Cataluña o País Vasco) decide que ha llegado el momento de separarse de España y reivindica a la nación española el derecho de autodeterminación.

Los motivos que le han llevado a esta decisión segun sus dirigentes son múltiples. Estos aluden a razones históricas, idiomáticas y un claro desprecio desde España a sus exigencias. España negó a Andalucía en el último Estatuto el término nación, además de no concederle la política fiscal, la hacienda, y una serie de recursos e instrumentos económicos que hubieran situado a Andalucía con una privilegiada situación financiera.

Así que, detrás de las reivindicaciones de independencia de Andalucía pueden esconderse motivos económicos, o al menos así lo consideran la mayoría de los ciudadanos del resto de España, que lógicamente se niegan a conceder semejantes privilegios.

Por tanto tenemos una comunidad o colectivo que presiona al resto de la nación con la independencia de no acceder a sus peticiones. ¿Qué debe hacer la nación española? ¿Debe conceder el derecho de autodeterminación basándose en motivaciones históricas o debe frenar las aspiraciones secesionistas a cualquier precio para evitar que otras regiones emulen a Andalucía?

Si concedemos este derecho, las tensiones nacionalistas en la region de Andalucia se difuminarían, pero llegado el momento, si Andalucía refrenda la independencia y se separa otras regiones podrían intentar emular a Andalucía para conseguir las mismas ventajas. El levantamiento de fronteras entre regiones provocaría un perjuicio en las relaciones comerciales entre ambos y con el exterior.

En cambio si no concedemos la independencia de la región las tensiones podrían dispararse hasta el punto de empujar a una guerra civil si no se alivian por los cauces políticos. Por otra parte el hecho de “retener” a Andalucía podría posponer las presiones de otras regiones nacionalistas que están a la espera de ver que sucede con esta.

Como vemos el derecho de un pueblo a la independencia puede mezclarse con intereses economicos más oscuros e incluso mezquinos. Si un territorio, ya sea un conjunto de comunidades autonomas, una sola, una provincia o una comarca se considera políticamente perjudicada por las políticas “centralistas de una nación” podría amenazar siempre con la independencia con el objetivo de tensar la cuerda lo suficiente para que sus reivindicaciones económicas y políticas sean escuchadas.

Si el país cede a las presiones de sus regiones puede encontrarse con importantes focos de desigualdad entre regiones. Si no cede puede enfrentarse a procesos independentistas que desmembrarían su geografía.

¿Dónde hay que poner el limite entre la libertad de los pueblos y la igualdad entre individuos que viven en distintas regiones? ¿Debe concederse libremente, limitarse o impedirse el derecho de independencia?

Preguntas sin una respuesta sencilla.


2 comentarios:

  1. La voluntad de autodeterminación casi siempre responde a temas económicos, sí, todo el mundo lo disfraza de cultural y tal pero al final, a lo que apelan es a que "no puede ser que los demás se lleven el fruto de mi trabajo".

    Yo creo en una solución de estado federal y plurinacional, creo que es absurdo creer que España es una nación indisoluble cuando está claro que bastante gente no siente la nacionalidad española como suya... pero no lo hacen, creo yo, por lo que representa, por esa insistencia en la España indivisible, ningún vasco o catalán o andaluz o gallego reniega de ser europeo, por ejemplo, reniegan de lo que significa ser español. Y eso es lo que habría que cambiar, aunque me temo que no sea posible ni a corto ni a medio plazo. Ser vasco, catalán, andaluz, riojano o castellano no debería ser contrario a ser español o europeo.

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  2. Cada ciudadano tiene derecho a decidir su destino. Peazo frase.

    Con toda esta historia del nacionalismo, se nos olvida, o pasamos por alto, una cuestión más básica. El estado de derecho.
    Imaginad por un momento que no existieran leyes, que cada persona o grupo de personas hicieran en cada momento lo que sus conciencias les dictaran. Lo más natural es que cada uno busque lo mejor para sí. Pero si al buscar ese bienestar estamos fastidiando al vecino, la situación se vuelve insostenible. Esto se resuelve por competencia (eliminando al rival) o por colaboración (estableciendo unas normas de convivencia). De esas normas procede el derecho.

    Cada vez que se comprueba que una norma no es sostenible, normalmente mediante una crisis, la norma se modifica para adaptarse a las nuevas circunstancias.
    En una sociedad guerrera tiene todo el sentido el derecho de conquista, pues el pueblo debe estar bajo un gobierno fuerte para defenderse de bandidos y saqueadores. Hoy por hoy, ese derecho no tiene mucho sentido, ya que existen otras herramientas mejores, menos traumáticas, para anexionarse o independizarse unas regiones de otras.
    Ahí aparece la ideología, un cambio de paradigma en la forma de ver las cosas, persiguiendo esa estabilidad que las normas anteriores no conseguían. Y por supuesto, acompañada de los oportunistas políticos que aprovechan cada nueva ideología para obtener nuevas cuotas de poder.

    No creo que sea cierto, como aseguran los de UPyD que haya muerto la ideología. Las ideologías surgen como solución a tensiones sociales. Claro que cuando se aplican las nuevas ideas, surgen nuevas tensiones. Y así la Humanidad evoluciona.

    El nacionalismo es la respuesta romántica (por el periodo) al imperialismo unificador y homogenizador (¿se dice asÍ?). Cuanto más tratemos de globalizar a las regiones, más nacionalistas se vuelven.

    Ahora bien, en ausencia de tensiones externas, un nacionalista andaluz ¿preferirá la independencia y gestionar su propia hacienda o renunciará a sus derechos a cambio de pertenecer a una comunidad más grande y con más posibilidades? Si le dejas tomar la decisión libremente y de forma democrática, elija lo que elija, tendrá que aceptarlo durante un buen tiempo. En cambio si les fuerzas a aceptar una cultura externa y no les das las herramientas democráticas para decidir, sólo consigues aumentar las tensiones.
    Pero para los políticos del gobierno central, aumentar las tensiones es un riesgo controlado, que sirve de distracción para que no nos fijemos mucho en su gestión. Y los demás entramos en su juego.

    Perdonad la extensión, llevaba tiempo rumiando estas ideas, y cuesta explicarlas en dos líneas.

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