sábado, 28 de junio de 2014

2015 y las elecciones que someterán el sistema político a plebiscito


Este año 2014 probablemente pasará a la historia por ser uno de los más sorpresivos a nivel político social y económico de los últimos años.

Tras muchos años de intensa crisis económica, de la que el gobierno se ha lanzado en tromba a anunciar su final, parece que encaramos una etapa de recuperación según los progubernamentales y de largo estancamiento según los críticos.

Sea como sea la crisis económica ha derivado en una gravísima crisis social provocando un aumento de las desigualdades sociales sin precedentes.


Así las cosas, parecía natural que las elecciones europeas de mayo de 2014 se convirtieran en una especie de test sobre la fortaleza actual del gobierno y la recuperación de la oposición. Sin embargo, durante estos años se ha ido gestando una especie de odio colectivo hacia lo que representa el bipartidismo y sus dos exponentes: el Partido popular y el Partido Socialista. De manera que, lo que estos dos partidos pretendían que fuera se convirtió de pronto en un plebiscito sobre el bipartidismo y en cierto modo, sobre el sistema en el que se sustenta.

Si a esto le unimos un clima social cada vez más crispado y una sensación de corrupción generalizada en la clase política dominante, se estaba preparando un caldo de cultivo excelente para la emergencia de fuerzas alternativas a las tradicionales.

Más aun cuando el funcionamiento de las elecciones europeas propiciaban un clima proclive a experimentos. Unas elecciones en donde no hay penalizaciones debidas a demarcaciones territoriales, era un estupendo test para ver la fortaleza del bipartidismo o de las fuerzas alternativas.

De hecho todo apuntaba a que las grandes beneficiadas serían Izquierda Unida y en menor medida Unión Progreso y Democracia. Y es que había que reconocerles, especialmente a esta última fuerza, haber sido las fuerzas motoras del desgaste que marcarían el principio del fin del bipartidismo en 2008, año en el que éste mostró su máximo apogeo.

Sin embargo la radicalización de la crisis económica, política, social y cultural que vivía y sigue viviendo España, dentro de un contexto generalizado europeo en donde se percibe al sistema como el problema esencial de todos los males de éste, fuerzas alternativas, pero que seguían identificándose con el sistema, aunque recogieron parte del descontento con los dos grandes partidos, seguían identificándose con el sistema actual que dejaba fuera a parte de la sociedad española.

De manera que, tras la supuesta pérdida de fuerza de los movimientos sociales que emergieron con el 15 M era natural que algún partido canalizara esa frustración con el sistema. Y así, sibilinamente, surgió Podemos, una imposible heredera del 15 M, imposible pues el propio 15 M rechazaba la formación de una fuerza política, pero sus políticas y sus reivindicaciones se han visto en cierto modo plasmadas en una serie de fuerzas y en especial en la formación liderada por Pablo Iglesias.

Y así las cosas, las elecciones reflejaron una nueva y potente corriente de opinión antisistema que ninguna de las encuestas anticipaba antes de las elecciones pero que ha supuesto un verdadero terremoto en la vida política de este país.
Resultados elecciones europeas 2014. Fuente: el País

Tal es así, que incluso entre las formaciones pro sistema  alternativas, que esperaban beneficiarse mucho más del descontento con el bipartidismo vieron como de pronto se les colaba entre medias una fuerza política cuyo ascenso había sido totalmente meteórico. Pues con solo 5 meses de vida, Podemos conseguía 5 escaños en el Parlamento Europeo, uno menos que Izquierda Unida y uno más que Unión Progreso y Democracia.

Las elecciones europeas dibujaron entonces un panorama político enormemente cambiado y muy preocupante para las que hasta ahora habían sido las fuerzas hegemónicas de este país. PP y PSOE perdían millones de votos y por primera vez en mucho tiempo no alcanzaban el 50 % del voto emitido. 

Especialmente alarmante era el resultado para el PSOE, que a la competencia tradicional de IU se le unía otra fuerza por la izquierda, pero también para el PP cuyo desgaste también había sido muy notable incluso cuando esta fuerza no cuenta con ninguna formación competidora en su espectro ideológico.
Los resultados de este tremendo vuelco  electoral fueron múltiples.

En primer lugar hubo una fuerte convulsión mediática en la que, de pronto vimos como las tradicionalmente enfrentadas corrientes periodísticas de izquierdas y de derechas se unían para criticar a ese nuevo partido salido de la nada y que trastocaba el orden político tradicional.

Sus consecuencias también llegaron al ámbito político, en especial al PSOE, desencadenando un importante relevo que se plasmará en unas inminentes primarias, pero también en Izquierda Unida con el más que probable nombramiento de Alberto Garzón como candidato en las próximas generales.

Pero lo más llamativo llegó, no del ámbito de los partidos, sino de la jefatura del estado. Lo que nadie parecía capaz de parar, el hecho de que todo el mundo hablara de Podemos y de Pablo Iglesias, lo consiguió el sorprendente anuncio de la abdicación del rey. Juan Carlos I dejaba el trono a su hijo Felipe V, abriendo en la sociedad española un debate sobre el modelo de Estado y entre la monarquía y la república. Debate que por cierto solo se quedó en eso, pues la gran mayoría de fuerzas se negó a llevar ese debate a las calles mediante algún tipo de consulta y, en un rapidísimo proceso y con la sospechosa connivencia entre  el PP y un partido como el PSOE de tradicionales raíces republicanas permitía la sucesión en el trono sin más problema.

De manera que el próximo año y medio, y hasta las próximas elecciones generales se presenta un escenario de gran incertidumbre política en donde todos los partidos están moviendo ficha y acelerando sus procesos de relevo generacional, cuando no fundacional, para presentarse en las mejores condiciones a esa cita.

Cita que con toda seguridad se planteará como un plebiscito entre el actual modelo político mantenido más o menos inalterable durante cuatro décadas por las fuerzas del sistema (lo que Pablo Iglesias llamaría “la casta”) y fuerzas antisistema (con su mayor abanderado en “Podemos”) y de por medio fuerzas políticas que tratan de representar una cierta alternativa más o menos moderada a lo que hemos visto tradicionalmente en el gobierno.

Todo en un entorno en el que toda Europa se radicaliza, donde fuerzas antisistema identificadas de extrema izquierda o extrema derecha cobran cada vez más y más poder y amenazan con poner en jaque el sistema democrático representativo.

En España, al igual que muchos países del sur, este giro antisistema ha sido hacia la izquierda. No oculto mi alegría por este particular viraje, ni mis simpatías, hacia la ideología que la representa.

Pienso que el sistema efectivamente está en crisis. Pero no por ello debemos verlo necesariamente como un retroceso. Al menos no en este país. Sino como una oportunidad. Un tiempo nuevo para transitar hacia un sistema político nuevo. Un sistema más democrático, más representativo de la mayoría. En donde las decisiones las tomen más los ciudadanos y menos los representantes. En donde los políticos no hagan cosas a espaldas de la ciudadanía.


Sí, soy antisistema. No me siento representado por él. Pero a veces ser antisistema no es malo, en cuanto que abandonar este sistema y transitar hacia una democracia más avanzada represente ser antisistema. Pues al igual que los demócratas de 1975 eran antisistemas del sistema dictatorial de Franco, muchos de los antisistema de ahora, lejos de la tópica imagen que la propaganda mediática se ha ocupado de propagar, son gente normal que lo único que pretende es que la política evolucione hacia un sistema democrático más participativo. Esperemos que 2015 represente el inicio de una auténtica segunda transición.

1 comentario:

  1. "Pienso que el sistema efectivamente está en crisis. Pero no por ello debemos verlo necesariamente como un retroceso. Al menos no en este país. Sino como una oportunidad. Un tiempo nuevo para transitar hacia un sistema político nuevo. Un sistema más democrático, más representativo de la mayoría."

    La izquierda no me representa. ¿Ha surgido algún partido de derechas? Pues eso.

    España me cansa.

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