sábado, 15 de octubre de 2011

¿Sirve de algo manifestarse?

Observando todo el movimiento 15-M y ante las manifestaciones que hoy se celebran en medio mundo, con motivo de la grave situación política y económica que el mundo atraviesa, quisiera hacer una reflexión acerca de la utilidad de manifestarse en las calles. Y de si tenemos que salir este 15O.

Pongo el caso más extremo que el otro día comentaba con un amigo. El de Grecia.

El pueblo griego no se ha mostrado pasivo en ningún momento, más bien al contrario, ha sido tremendamente activo. Desde hace un par de años han celebrado un número incontable de huelgas, manifestaciones, importaron el movimiento 15-M, rodearon el parlamento, e incluso hubo manifestaciones violentas por parte de anarquistas y antisistema. Todo para intentar parar los recortes de su gobierno.

Sin embargo, ¿les ha servido de algo? ¿han conseguido parar en algún momento los recortes? Pues aparentemente no. El gobierno griego, prácticamente atado de manos por la famosa Troika (FMI, BCE y UE), está recortando la administración pública, despidiendo funcionarios, privatizando empresas y terrenos públicos, está bajando los sueldos, las pensiones, las becas, los subsidios, … está subiendo los impuestos, a los trabajadores, a los pensionistas, el IVA, creando nuevos impuestos como el de la propiedad inmobiliaria, etc, etc…

Entonces, ¿para que sirve protestar? Visto el panorama ¿no es quizás mejor quedarse en casa?

Pues como diría un matemático, manifestarse es una condición necesaria aunque no suficiente para provocar un cambio político.

Necesario puesto que el no hacerlo, el no mostrar tu indignación ante los desmanes de los poderosos, puede enviar la señal de que no te importa lo que hagan con tu vida. Que te has resignado. Es mostrar una señal de pasividad y de sumisión ante las decisiones.

Si un gobierno no encuentra oposición en la calle, ¿Qué le impide tomar decisiones más radicales? Al fin y al cabo, incluso en los sistemas democráticos actuales los gobiernos cuentan con un margen de 3 a 5 años, entre elecciones, para hacer lo que les dé absolutamente la gana.

Lógicamente al finalizar el mandato y someterse a la voluntad popular, el gobierno que haya cometido barbaridades será castigado y puesto otro partido en su lugar.

¿Pero y si el sistema perpetúa a aquellos que hacen lo que les da la gana? Nos encontraremos con que aunque los partidos en el poder cambien, las políticas seguirán siendo las mismas o incluso peores.

Por eso es necesario manifestarse. Para que durante esos periodos de gobernanza los dirigentes políticos perciban que la ciudadanía no es sumisa, sino que se rebela, que no está dispuesta a renunciar a determinadas cosas o admitir determinados recortes.

Pero no es suficiente. Algunos cambios políticos han sido precipitados por manifestaciones, pero por regla general los gobiernos suelen tener la sartén por el mango. Pueden decidir no escuchar a los que se manifiestan. Y esto ocurre especialmente en situaciones que implican la renuncia de privilegios o poder con los que cuentan los que gobiernan.

Por eso, cuando el movimiento 15M reclama un gran cambio político, cuando piden un sistema que les represente verdaderamente, tienen razón en pedir que nos manifestemos. Tenemos que mostrar nuestra indignación, tenemos que rebelarnos ante los políticos y demostrarles que no pueden hacer lo que les dé la gana.

Pero cuando los indignados rehúsan en su mayoría, a cualquier tipo de politización, cuando no quiere adoptar vías políticas por principio, personalmente pienso que se equivocan. El poder, tienen razón, corrompe. Pero los políticos, como casta privilegiada, jamás renunciarán a su poder, ni a sus salarios, ni a su capacidad de favorecer a sus amigos, ni muchos menos a poder controlar el sistema que les perpetua.

Manifestarse es imprescindible, no se me entienda mal, hoy me manifestaré, como cientos de miles de personas en España, para reclamar un cambio fundamental en nuestra democracia, pero soy escéptico, de que esto por si solo vaya a cambiar algo, de que puede precipitar un cambio tan importante, como el que hoy reclamamos.

Hace falta más, hace falta meter un caballo de Troya en el sistema, que destruya los privilegios de la casta política y nos permita a los ciudadanos tomar directamente las decisiones.

Nos vemos esta tarde, porque #yosalgo15O

2 comentarios:

  1. Manifestarse está bien, pero si al final los medios se empeñan en sacar lo peorcito de las mismas, personalmente prefiero no involucrarme. Además yo creo que hay medios mejores para protestar ante el gobierno. Consumo mínimo y ahorro hasta el punto de la tacañería, protestas en los medios de comunicación, y sobre todo, el voto, que es la forma más patente de demostrar tu descontento. Pero no a los partidos de siempre, sino a los otros. Nada de votar en blanco o abstenerse, hay que mojarse. Si toda la abstencion se movilizara, otro gallo nos cantaría. Así que votad, aunque el partido se llame "no me gustan los de siempre".

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  2. Recordemos las lecciones sobre el poder. Queremos un cambio, por lo tanto, necesitamos poder para poder efectuarlo. Los que gobiernan tienen mucho poder, los banqueros-financieros que les mandan tienen todavía más poder, y tú eres ridículo en comparación.

    Las manifestaciones son una demostración de fuerza. Pero si no están organizadas, no pasan de ser protestas o a lo sumo disturbios. Y los disturbios hay que sofocarlos, porque al no estar controlados, no hay otra manera de pararlos.

    En cambio, si esa demostración de fuerza va acompañada de una fuerte organización, esa organización se erige con el poder de controlar una muchedumbre. Eso coloca a la organización (o a sus representantes) en posición de negociar con el gobierno un cambio.

    El problema gordo es que no hay ninguna organización que pueda tomar el mando de la revuelta en la que confiemos. ¿Partidos políticos? ¿sindicatos? ¿la Iglesia?

    El movimiento 15-M fracasó en el mismo momento en que se negó a ser herramienta de nadie. De este modo no pasa de ser una protesta. Y para los que tienen el poder, una protesta sin una amenaza seria de fondo, es risible. Temen que se puedan organizar, por eso hacen lo posible por evitarlo: sacan lo peor de las manifestaciones por la tele, para que personas como la gran hermana se lo piensen dos veces antes de apuntarse. Hacen alardes de fuerza con la policía para desanimarte. Porque aún sin estar organizados, existe el riesgo de que lleguen a estarlo.

    Y aún más. Si las manifestaciones surgen con fuerza, es síntoma de un gran malestar en la población. Al político ahora no le asusta verle las orejas al lobo porque sabe que no tiene dientes. Pero el caso es que hay lobo, y (si el malestar persiste) puede que se haga mayor y le salgan por fin los dientes.

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