
A los pocos que todavía nos puedan interesar las tertulias políticas estaremos de acuerdo en el grave empeoramiento que se está dando en este formato. Estas originalmente eran un escenario en el que se exponían y debatían ideas. Sin embargo, la feroz lucha por la audiencia está llevando a una degeneracion en el que no importa tanto el debate como el combate.
Desde la forma en que se exponen los temas hasta la posición de cada uno de los tertulianos está cuidadosamente preparado. Todo con el objetivo de hacer más atractivo al espectador el debate. Y atractivo hoy día es sinónimo de polémica.
Para conseguirla, lo importante es generar una estética confrontista de manera que al espectador le sea posible identificar rápidamente que bando le genera simpatía y que bando antipatía.
Lo más sencillo es hacer que el espectador se pueda identificar fácilmente con alguno de los tertulianos. Dado que hoy día lo que venden no son las ideas sueltas sino los paquetes de ideas fabricados por los partidos (tales como la izquierda, la derecha, etc…), las cadenas procuran traer aquellos que comulguen y que se identifiquen claramente con los partidos.
Si quieres que el espectador identifique fácilmente una posición de otra se sabe que es conveniente alejar a los que tienen ideas diferentes y juntar a aquellos de ideas similares. Si además nos evitamos demasiadas posiciones (debates poliédricos) facilitamos que el espectador encuentre rápidamente el bando con el que simpatiza.
Así surgen los debates a dos bandos donde a un lado deben estar siempre los que comulgan con el espectador y en el otro los que le generan rechazo. Teniendo todo esto claro tenemos un Ring de combate ideológico donde dos equipos lucharán por la supremacía moral de sus ideas.
Pero para que realmente sea atractivo al espectador es importante hacer estallar el conflicto. Y para ello es fundamental introducir dos elementos: el tema polémico y el bulldog tertuliano.
El tema polémico es claro que debe ser aquel que concite más aprobación a un lado y más rechazo al otro. Temas que generan enorme polvareda son aquellos que llevan al radicalismo. El aborto, la pena de muerte, los matrimonios homosexuales, son temas que aunque suelen tener sus matices suelen provocar en cualquier persona un posicionamiento radical a favor o en contra.
Y en segundo lugar es necesario colocar a cada lado del ring a lo que llamamos un Bulldog tertuliano. Podríamos definirlo como la persona que enciende el debate, que más polemiza y normalmente la que más grita. Este tipo de tertulianos suelen identificarse por ser aquellos que el moderador/a difícilmente puede llamar al orden o controlar.
Con esta estética y estos ingredientes es fácil imaginar el porque ha degenerado tanto el debate político. Si lo que preocupa es la estética…
Desde la forma en que se exponen los temas hasta la posición de cada uno de los tertulianos está cuidadosamente preparado. Todo con el objetivo de hacer más atractivo al espectador el debate. Y atractivo hoy día es sinónimo de polémica.
Para conseguirla, lo importante es generar una estética confrontista de manera que al espectador le sea posible identificar rápidamente que bando le genera simpatía y que bando antipatía.
Lo más sencillo es hacer que el espectador se pueda identificar fácilmente con alguno de los tertulianos. Dado que hoy día lo que venden no son las ideas sueltas sino los paquetes de ideas fabricados por los partidos (tales como la izquierda, la derecha, etc…), las cadenas procuran traer aquellos que comulguen y que se identifiquen claramente con los partidos.
Si quieres que el espectador identifique fácilmente una posición de otra se sabe que es conveniente alejar a los que tienen ideas diferentes y juntar a aquellos de ideas similares. Si además nos evitamos demasiadas posiciones (debates poliédricos) facilitamos que el espectador encuentre rápidamente el bando con el que simpatiza.
Así surgen los debates a dos bandos donde a un lado deben estar siempre los que comulgan con el espectador y en el otro los que le generan rechazo. Teniendo todo esto claro tenemos un Ring de combate ideológico donde dos equipos lucharán por la supremacía moral de sus ideas.
Pero para que realmente sea atractivo al espectador es importante hacer estallar el conflicto. Y para ello es fundamental introducir dos elementos: el tema polémico y el bulldog tertuliano.
El tema polémico es claro que debe ser aquel que concite más aprobación a un lado y más rechazo al otro. Temas que generan enorme polvareda son aquellos que llevan al radicalismo. El aborto, la pena de muerte, los matrimonios homosexuales, son temas que aunque suelen tener sus matices suelen provocar en cualquier persona un posicionamiento radical a favor o en contra.
Y en segundo lugar es necesario colocar a cada lado del ring a lo que llamamos un Bulldog tertuliano. Podríamos definirlo como la persona que enciende el debate, que más polemiza y normalmente la que más grita. Este tipo de tertulianos suelen identificarse por ser aquellos que el moderador/a difícilmente puede llamar al orden o controlar.
Con esta estética y estos ingredientes es fácil imaginar el porque ha degenerado tanto el debate político. Si lo que preocupa es la estética…