sábado, 14 de marzo de 2009

Encarecer el despido en tiempos de crisis

Muy en contra de la línea seguida por la patronal, hoy traigo una medida, que en contra de lo que piensa la ortodoxia económica, lejos de generar paro, podría en estos tiempos ser efectivo para reactivar la economía.

Uno de los efectos que esta crisis está teniendo sobre la población es de carácter puramente psicológico. La gente no compra, no se endeuda, no emprende actividades arriesgadas por temor a que pueda ser despedido. Exceptuando el colectivo de funcionarios y los pensionistas, el resto de la población activa está atemorizada. No se consume porque se tiene miedo a que el día de mañana uno no tenga dinero para poder pagar lo que ha comprado.

Esto afecta especialmente a los bienes de elevado costo tales como la vivienda y el coche, cuyas ventas se desploman mes a mes. El desplome de las ventas no es resultado exclusivo del efecto psicológico de las expectativas, pero no cabe duda de que también influye a la hora de tomar decisiones de compra.

La medida de la patronal, de abaratar el despido, lejos de sacar a este país de la crisis, en mi opinión la hundiría aún más. Si la precariedad laboral aumenta, si todo el mundo teme ser despedido, ¿quién se lanzará a comprar nada que no sea totalmente imprescindible?

Más bien al contrario, en tiempos de crisis habría que encarecer el despido, de manera que todos tengamos más seguridad laboral. Encarecer el despido no implica encarecer todos los tipos de despido. Pero sí aquellos que no se consideren procedentes, que no estén motivados.

Si nos planteamos un encarecimiento del despido en tiempos de crisis, ¿sería legítimo plantearse un abaratamiento en tiempos de bonanza?

Desde luego un abaratamiento de la indemnización en un tiempo de expansión puede acelerar la contratación. ¿Pero que tipo de contratación? Más precario quizás. Más como hemos tenido en la última década.

Utilizar el precio del despido como una política económica aislada puede sonar un tanto frívolo. Pero quizás no habría que desdeñar la posibilidad de alterar este en función del periodo económico.

Eso si, sería fundamental establecer unos topes (especialmente mínimos) para que ni el despido resulte gratuito, ni prohibitivo.

Por lo demás, no habría que descartarlo dentro del colectivo de medidas para luchar contra la crisis.

2 comentarios:

  1. Discrepo obviamente del planteamiento. La solución no puede pasar por penalizar al empresario por no necesitar más a un trabajador.

    Ignoras la paradoja de que favoreciendo el despido, estás favoreciendo la creación de empleo.

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  2. Hablar de abaratar los despidos, o congelar o bajar los salarios, es una forma de terrorismo más, es el terrorismo económico.

    Hay que hablar de quienes son los responsables de la crisis, de cómo van a reparar el daño causado a tantas personas.

    Hay que hablar de penas de carcel, de expropiaciones, de inhabilitaciones de por vida.

    No tiene sentido que la solución pase por machacar a las victimas con total impunidad de los culpables.

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