
Anteayer, mientras esperaba a que se me secaran mis uñas recién pintadas, decidí tragarme uno de esos concursos de verano con los que nos bombardean las cadenas para compensar la baja audiencia estival, ya saben de esos del estilo: "El que piensa... ¡Pierde!". En este caso se trataba de "Identity", uno en el que tienes que adivinar quien es quien por la pinta que tienen. La concursanta en cuestión consiguió ganar el máximo premio, unos 100.000 euros, después de una mezcla de buena suerte y tino al juzgar. Entonces el presentador le fue a preguntar que iba a hacer con ese dinero, y ella contestó que lo usaría para pagar la entrada de una vivienda que llevaba persiguiendo desde hace tiempo.
¡Qué triste me pareció aquella respuesta! Lo normal era que si te tocaba semejante cantidad era que te compraras un coche nuevo, un apartamento en la playa, o te dieras un pedazo de viaje a algún sitio de tu elección. Me di cuenta entonces de lo mucho que había subido el nivel de vida en España, y me puse a repasar los premios que daban antes en los concursos y sorteos.
El "Un dos tres": cuando lo presentaba Mayra Gómez Kemp, los premios gordos eran, un apartamento en Torrevieja, un fabuloso coche, o un estupendo viaje alrededor del mundo. El Precio Justo de Joaquin Prat, idem de lo mismo, o incluso el fantabuloso escaparate entero. Sigamos con las loterías. El Gordo de Navidad y sus 30 millones de pesetas al décimo te daban para muchas cosas.
Pero ahora, me doy cuenta de que ya no regalan casas en los concursos. Premios de entre 100.000 y 300.000 euros, ya no te hacen rico, te quitan una hipoteca. No te regalan una casa de veraneo, te dan la oportunidad de poder pagarte la primera vivienda. Hasta una marca de un producto de cuyo nombre no me acuerdo hacía un sorteo donde el premio era la cancelación de tu hipoteca.
Hoy día el estatus ya no se mide por la cantidad de coches que se tienen o segundas viviendas sino por el número de hipotecas que poseas.
¡Caray como cambian los tiempos!