lunes, 13 de julio de 2009

Egoismo, altruismo e incentivo economico

¿Es posible igualitaria y que funcione? Es decir, ¿es posible una economía equitativa que sea además eficiente?

En economía entendemos por eficiencia a conseguir el mejor resultado posible con los recursos disponibles. Por tanto una economía será eficiente si consigue fabricar todo lo posible gastando lo mínimo indispensable.

En la propia definición no se menciona nada sobre la equidad del resultado. En otras palabras, una economía puede ser muy eficiente sin ser equitativa. Si una persona concentra toda la riqueza de un país y consigue el mejor resultado con ella, el país tiene una economía eficiente por muy injusto que sea el reparto de la riqueza.

El sistema en el que vivimos, economía capitalista o de mercado, es tremendamente eficiente pero muy injusto. A menudo en economía se contraponen equidad y eficiencia como si fueran cosas incompatibles. Y como ejemplo se evocan los catastróficos resultados del comunismo.

En la Universidad me contaban que el comunismo perseguía la equidad económica, pero al eliminar el incentivo “competitivo” llevaba a la economía a la “equidad en la pobreza”. Es decir, los trabajadores en el sistema comunista no tenían incentivo alguno a trabajar más que sus compañeros, por lo que generalmente procuraban trabajar lo menos posible. El resultado era que todos ganaban lo mismo, pero muy poco.

¿Pero por qué no tenían incentivo a dar más de si? ¿Y cual es el incentivo que mueve a las personas a dar lo máximo de si mismas? Pues bajo el principio de que las personas son egoístas por naturaleza, un sistema que se basa en que independientemente de lo que tu hagas vas a recibir lo mismo que tu vecino no te incentivo.

Es decir, bajo el principio del incentivo egoísta, el sistema comunista estaba destinado a fracasar. Si yo me esfuerzo más que mi vecino quiero recibir más que él. Es una cuestión puramente egoísta. Cuanto más hago, tengo derecho a recibir y poseer más.

En este prisma del incentivo egoísta también es lógico pensar que bajo un sistema capitalista puro, en donde no haya redistribución de recursos por el Estado, se alcanzaría la máxima eficiencia. Si todos los individuos son egoístas por naturaleza y saben que van a recibir su “justa remuneracion” por su esfuerzo, darán el máximo y por tanto, en conjunto, la economía dará el máximo resultado posible (resultado eficiente) por muy inequitativo que sea.

Todo el análisis de los sistemas economicos se basa en el incentivo personal que tomemos. Habitualmente en la teoría economica convencional (o neoclásica) se asume que el incentivo que mueve el comportamiento humano es el egoismo. Pero no todos los individuos son exclusivamente egoístas. Hay personas envidiosas. Hay personas codiciosas. Pero no solo hay personas con características negativas. También hay personas generosas, altruistas, desprendidas, etc… Para cada incentivo personal podríamos encontrar un sistema economico que fuera eficiente.

Volviendo a la pregunta del principio, bajo una sociedad donde el factor dominante es el egoismo personal y el individualismo es evidente que el mejor sistema, o el más eficiente es y siempre será el capitalismo.

Pero ¿y si las características sociales cambian? Y si el ser humano fuera generoso en lugar de egoísta, ¿cambiaría la eficiencia del sistema economico?

Si las caracteristicas de los componentes de un sistema economico cambian es indudable que también sus resultados. La mano invisible que mueve el capitalismo es el egoismo. Si las personas se vuelven altruistas, si deciden darlo todo por el prójimo, el sistema capitalista deja de funcionar y de tener sentido. ¿Cómo puede ser eficiente un sistema que se basa en la competencia si los individuos son altruistas, si no les importa lo que reciban? Dejaría en principio de ser eficiente pues las personas dejarían de dar el máximo conscientes de que su esfuerzo no se orienta al bienestar de los demás, sino al propio.

Lo que digo suena extraño pero traten de abstraerse de los principios egoístas e imaginen que las personas estuvieran dispuestas a darlo todo por los demás. Un principio muy cristiano, curiosamente. Si el sistema bajo el que vives no te permitiera darlo todo por los demás, inmediatamente perderías el incentivo que a ti te mueve a darlo todo.

Y en cambio, bajo un sistema economico basado en la búsqueda de la equidad economica encontraríamos que los individuos darían lo máximo de si mismos, pues estos mismos lo que buscarían no seria su propia felicidad sino la del otro, o más bien la de los otros. Es decir la del conjunto.

Un sistema compuesto por individuos altamente altruistas sería por tanto maxi-eficiente.

Si la búsqueda de la equidad es algo moral y éticamente perseguible, ¿no sería quizás mejor cambiar los incentivos de la sociedad? En definitiva, si queremos una sociedad más igualitaria, quizás debamos volver a la gente más altruista.

2 comentarios:

  1. Muy bueno el blog, me gusta mucho el diseño :P

    Mucha suerte en los premios!!!

    Salu2

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  2. Una economía para cada carácter...

    Voy a añadir un detalle filosófico: La economía para una sociedad es como el sexo para una pareja. Es muy importante, es fundamental, pero no lo es todo. La economía mejor planificada puede llevar a una sociedad a la desgracia, a la envidia de sus vecinos, a la guerra, a perder el sentido de la vida, a sumirse en depresiones de todo tipo.
    Imagina que nos hacen una modificación genética, de modo que podamos trabajar las 24 horas sin descanso. Y como mucha gente podrá trabajar tantas horas, los sueldos serán ridículos, lo que obligaría a trabajar más de las 24 horas y a pedir horas extras. Esa vida podrá estar bien para una hormiga, los humanos no estamos hechos para vivir así.

    Para ser pragmáticos, el modelo de sociedad que se elija debe estar orientado a lograr la supervivencia a largo plazo. Esto significa asegurar recursos, eliminar competidores, proteger el hábitat (aunque haya que conservar algunos competidores y renunciar a algunos recursos). Desde este punto de vista, los modelos de organización política, económica y social deben ser tales que aseguren los principios de supervivencia sostenible. Si un modelo económico acaba provocando gran insatisfacción en un sector importante de la población, afecta al modelo político, volviéndolo inestable.

    El capitalismo salvaje es inestable. Tarde o temprano la situación se vuelve insostenible para los menos afortunados. El autoritarismo es inestable. Las personas necesitamos sentir que controlamos en algo nuestro destino, que somos libres, aunque luego nos guste que nos den las cosas hechas. El crecimiento es inestable. Se acaba tropezando con el problema de un límite material de recursos.

    Dado que no hemos dado aún con la fórmula definitiva que nos permita alcanzar el anarquismo, experimentamos con unos modelos y otros, de forma periódica, para que el barco no termine de zozobrar. El miedo es que uno de esos empujones (el cambio climático provocado por la superpoblación de la sociedad industrializada) acabe por tirarnos a todos al mar.

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