lunes, 6 de julio de 2009

Dar una charla animada

Hace un tiempo di una charla para una asociación ecologista. El tema fue ‘El coche ecológico’. La intención para esas charlas es que fueran entretenidas además de interesantes. Lamentablemente, todas las charlas que se venían dando caían en la categoría de soporífera clase magistral, más al estilo de una ponencia que de una verdadera charla. Así que preparé tanto el continente como el contenido. Del contenido hablaré otro día. Hoy explicaré un poco la forma de animar la charla.

1º Dado el número de asistentes, alrededor de 20 personas, colocamos las sillas en círculo. Esto rompe la sensación de que hay alguien más importante y más sabio, con derecho a sentarse al revés que el resto.

2º Antes de empezar con la ponencia, inicié un turno de preguntas que sirvieron para ver el nivel de los asistentes y para que se fueran acostumbrando a participar.

3º Mi ponencia estaba dividida en tres bloques. Aunque mi intención era animar a la participación tras cada bloque, había partes de la ponencia de conocimiento general, así que esas partes traté de que las contaran los asistentes con sus conocimientos, rellenando yo luego los huecos.

4º Había pensado en moderar el turno de palabra de alguna manera, para evitar que alguien monopolizara y hablara sin aportar nada. No fue necesario. Tan sólo tuve que interrumpir a una persona que se estaba montando una película, y el resto de los que se extendieron de más contaron cosas interesantes. Les dejé porque así todos aprendemos y se pierde la sensación de que el ponente lo sabe todo.

5º Cronometré la duración de cada parte, comprobando el estado de atención de los asistentes, aproximadamente 30 minutos por cada bloque, de modo que la charla no sobrepasara en total la hora y media, que es el tiempo máximo de atención de una persona normal.

6º Una vez acabada la ponencia y los comentarios finales (que fueron más del tipo ¿qué tal ha ido la charla, qué os ha parecido el tema, etc?), los organizadores echamos educadamente a la gente a la calle. Existe un problema en esta clase de reuniones, y es que parece que está feo ser el primero en irse, así que todos alargan la reunión más de lo necesario y de lo educado, resultando que para una hora y media de acto, pierdes cuatro horas. Esto desmotiva la asistencia a la gente que tiene que madrugar, o hacer cosas en la casa. Si son los organizadores los que te echan, ya no hay tanto problema. Y así, los ociosos de la vida que no tienen nada mejor que hacer, se van al bar a continuar la charla.

7º Invertí mi tiempo en preparar la animación de grupo, en lugar de dedicarlo a hacer una bonita presentación por ordenador. La ponencia la traía en unas notas apuntadas en un par de hojas, y un par de gráficas que pasé en papel, así que me ahorré cargar con el portátil y el proyector y perder el tiempo en montarlo.

Al final se logró que el acto estuviera animado y distendido, al tiempo que todos aprendimos algo.

Artículo firmado por Abraham J. Palma

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