jueves, 19 de julio de 2007

Burbujas con Historia: la fiebre de los tulipanes (2ª parte)

(...) La euforia alcista de la Fiebre del Tulipán se extendió hasta límites absurdos: Se establecieron mercados para su venta en la Bolsa de Ámsterdam, en Rótterdam, Haarlem, Alkmar, Hoorn, y en resumen, en cualquier ciudad medianamente importante de los Países Bajos. Se formaron cofradías y colegios de especuladores de los tulipanes, y en las tabernas no se podía oír hablar de otra cosa y se cerraban más acuerdos de compra-venta de tulipanes que de otros tipos de negocios o incluso de acuerdos de boda. Se ofrecían a la venta propiedades, casas y campos a precios ruinosamente bajos, o bien se ofrecían como parte del pago en las transacciones. En 1635, un bulbo de la variedad “semper augusta”, la más preciada, era vendido a un precio de 5500 florines (para la comparación, un buey de arado costaba 120). Los productos derivados de los tulipanes (catálogos escritos y dibujados a mano, obras de arte, cuadros, artesanías, etc) alcanzaban valores muy altos en el mercado, superando con creces a sus iguales que no seguían esta temática. La fiebre llegó hasta el extranjero, con una presencia francesa bastante acusada, y las inversiones extranjeras en tulipanes se multiplicaron, incrementando aún más si cabe los precios. Es famoso un caso documentado del marinero de un barco cargado de mercancías que llegó a Holanda e informó a un hombre de negocios de su llegada en exclusiva. El hombre de negocios, encantado con la información que le habían dado, invitó a un desayuno de arenques al marinero, que para acompañar, se comió un bulbo de lo que él creyó que era cebolla, pero que se trataba en realidad de un bulbo de “semper augusta” cuyo valor superaba al del barco en el que venía y su cargamento. Ni que decir tiene que el pobre desgraciado acabó en la cárcel.

El punto álgido de la fiebre se alcanzó en enero de 1637, con la subasta de la colección de un recientemente fallecido hombre de negocios, en beneficio de sus huérfanos, en la que se recaudaron, entre moneda y especia, un total de 90000 florines. El día siguiente, un lote de tulipanes quedó sin vender. Fue el principio de la caída. Algunos especuladores intuyeron la imposibilidad de mantener la burbuja y empezaron a vender sus reservas de tulipanes y el pánico se extendió, aun con más violencia que la euforia anterior. Los inversores, que no sólo habían empleado todo su dinero sino que además hipotecado, se dieron cuenta de que sólo tenían una flor que nadie quería comprar y que no tenía ningún valor intrínseco. La situación más grave se dio con los contratos de futuros, contratos que nadie estaba ahora con la intención ni la capacidad de cumplir. Incluso la radical medida del gobierno de invalidar los contratos anteriores a noviembre de 1636 y de reducir el resto a un 10% de su valor nominal fue insuficiente para que los inversores pudieran hacer frente a sus compromisos, y la bancarrota generalizada se extendió por toda Holanda. Comerciantes prósperos que se habían enriquecido con el comercio con las colonias y que habían caído bajo el influjo de la fiebre del tulipán casi quedaron reducidos a la mendicidad, y ni siquiera la nobleza holandesa, con sus políticas tradicionales de matrimonios de conveniencia, pudo librarse de la ruina, al no poder encontrar en los Países Bajos partidos capaces de proporcionar los recursos económicos suficientes para poder mantener sus casas y privilegios.

La economía holandesa, la más próspera de la Europa de principios del siglo XVII, quedó desorganizada por completo durante el auge inflacionista que infló la burbuja, y fue incapaz de hacer frente a todos los desastres financieros que generó la explosión de dicha burbuja. Los precios se colapsaron y provocaron la crisis más importante que ha tenido Holanda hasta la invasión de las fuerzas alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

Realizado por Bobby.

1 comentario:

  1. Sabía muy por encima la historia de los tulipanes xo ahora ya estoy informada del todo jeje. enhorabuena por el blog!! saludos

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